Elecciones y democracia

Elecciones y democracia

Cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) publicó el cuaderno Elecciones y democracia se habían dado algunos pasos importantes en la democratización electoral de México a consecuencia de la cuestionada elección de 1988.

Primero fue la creación del IFE en 1990, pero su conformación aún delataba dependencia del Poder Ejecutivo, pues el nuevo Instituto seguía en manos de Gobernación, y en su Consejo General se mantenía la figura de representantes de partido con voz y voto, que se integraban a partir de la votación de cada partido; el partido mayoritario contaba con más representantes que los demás contraviniendo un principio esencial de la democracia electoral: que los resultados en una elección no deben incidir en ventajas para la siguiente elección. Además, se incorporó la figura de ocho “magistrados ciudadanos”, especialistas en derecho, en principio apartidistas (al menos formalmente), que también contarían con voz y voto en el Consejo; sin embargo, la forma de nombrarlos sesgaba en buena parte la autonomía que debían tener respecto del Ejecutivo, pues éste presentó una lista de 15 candidatos entre los cuales los partidos, desde el Congreso (Cámara Baja), elegirían a ocho.

En todo caso, todos habrían gozado de la confianza del Ejecutivo. Y en efecto, seis de los ocho magistrados resultaron tener antecedentes priistas, los otros dos no, pero eran cercanos al régimen. Fue esencialmente una simulación.

Eso cambió en 1994 a consecuencia del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que puso en riesgo la viabilidad y la credibilidad de la elección. Al calor de esa situación surgió una nueva reforma electoral que por primera vez fue consensuada entre todos los partidos –la de 1987 lo fue sólo por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); las de 1990 y 1993 lo fueron por el PRI y el Partido Acción Nacional (PAN), pero no por el Partido de la Revolución Democrática (PRD)–.

Se establecieron la mampara para votar en secreto y la tinta indeleble, y se aceptaron observadores internacionales, entre otras medidas. Más importante, mediante esta reforma se determinó que los representantes de partido tendrían voz, pero no voto, por lo cual no era preciso que fuera uno por partido. Y las decisiones fundamentales quedaron en manos de seis consejeros ciudadanos y el secretario de Gobernación, aún la cabeza del IFE.

Estos nuevos consejeros fueron nombrados a partir de una fórmula novedosa: no sería ya el Ejecutivo quien los propondría, sino los tres principales partidos; dos por cada uno de ellos (el PRI, el PAN y el PRD).

Eso creaba un nuevo equilibrio, antes desconocido, pues al margen de la votación que cada uno de esos partidos hubiera obtenido, sus propuestas ante el Consejo General serían exactamente iguales. Con ello se respetaba el principio de que los resultados en una elección no darían ventajas (al menos en este tema) en la siguiente.

Así, aunque el PRI obtuvo 66% de la votación en 1991 (la federal previa a 1994), en tanto que el PRD sólo consiguió 9% del voto, ambos aportaron dos consejeros cada uno. Con todo, los cambios en la legislación continuaron para mejorar aún más la equidad y la competitividad de las elecciones. Así, en 1996 hubo una nueva reforma electoral que cruzó el umbral de la competitividad electoral, por lo cual en estricto sentido terminaba el régimen de partido hegemónico fundado en 1929.

Ello porque, en primer lugar, el IFE salió del ámbito de la Secretaría de Gobernación, y su dirección quedó a cargo de un consejero presidente sin filiación partidista. La conformación del nuevo Consejo General mantuvo un equilibrio básico entre partidos, aunque no estrictamente paritario como en 1994.

El presidente del Consejo, así como dos de nueve consejeros fueron propuestos por el PRI (en realidad, por el presidente Ernesto Zedillo); el PAN propuso a dos consejeros, el PRD, a tres, y el Partido del Trabajo (PT), a uno. Ese equilibrio dio en los hechos suficiente autonomía al Instituto como para garantizar un voto real y respetado, así como suficiente imparcialidad en el arbitraje (el contrapeso de parcialidades puede traducirse en una imparcialidad básica, aunque no plena).

De esta manera se cumplía un requisito en las transiciones democráticas según el cual el gobierno y su partido pierden la posibilidad de revertir un resultado desfavorable; y eso se reflejó en los resultados de la elección intermedia de 1997: el PRI perdió la capital de la República y la mayoría absoluta en la Cámara Baja, con lo cual se puede afirmar que entre 1996 y 1997 el PRI dejó de ser partido hegemónico, y que se entró en una plena competitividad electoral. Tales hechos abrieron la posibilidad de que, ahora sí, se pudiera registrar una alternancia presidencial de manera pacífica, lo que nunca había ocurrido en México. La tendencia electoral del PRI iba a la baja (39% en 1997), por lo que no era imposible que un partido opositor, con ayuda del voto útil del partido opositor que quedara en tercer lugar, pudiera rebasar la votación del PRI.

Y con la garantía de autonomía del IFE respecto del gobierno (aunque no enteramente respecto de los partidos), un resultado adverso al partido oficial tendría que ser reconocido. Así ocurrió, el candidato del PAN ganó con cerca del 43% de la votación frente al 36% del PRI (el PRD quedó en tercer lugar con 17%), lo cual confirmó la pérdida de la hegemonía priista en 1997, dando como resultado un genuino pluralismo partidario con posibilidades reales de alternancia política. En 2003, después de la elección intermedia de ese año, hubo cambios en el Consejo General del Instituto. Se registró un revés para el avance del IFE y su representatividad partidaria. El PRI, partido mayoritario en los comicios de ese mismo año, se adjudicó la presidencia del Instituto y tres consejeros más; cuatro de 11 asientos.

El PAN, segunda fuerza, se adjudicó tres asientos, y al PRD le quedarían, en principio, los dos restantes. Es decir, se alteró la fórmula bajo la cual la representación en el Consejo tendría que ser paritaria para cada uno de los tres partidos grandes (como en 1994), o al menos una aproximación a ello (como en 1996).

El aceptar la fórmula de cuatro, tres y dos según la votación de cada partido, nos regresaba al tiempo en que no se respetaba el principio democrático de que los resultados en una elección no deben afectar la equidad en la siguiente, al menos no en el arbitraje.

Peor aún, hubo discordancia entre el PRI y el PRD sobre las propuestas de este último, de modo que el PRI, en acuerdo con el PAN, decidió repartirse las dos cuotas del PRD, quedando cinco consejeros propuestos por el PRI (incluyendo al consejero presidente); los cuatro restantes fueron propuestos por el PAN.

El PRD, cuyo seguro candidato llevaba la delantera en las encuestas, y seguro sería uno de los punteros en la elección presidencial de 2006, quedó sin representación alguna.

Ello distorsionaba gravemente el equilibrio y la imparcialidad del Instituto. Más aún porque algunos de los consejeros eran incluso militantes activos de un partido (el PRI, en específico), vulnerando la idea más básica de imparcialidad (sin partido).

Peor aún, las propuestas dentro del PRI fueron hechas por Elba Esther Gordillo, entonces coordinadora de la diputación priista, y del lado del PAN, por Germán Martínez Cázares, del equipo de Felipe Calderón (quien a la postre fue el candidato del PAN a la Presidencia de la República).

La posterior alianza informal de Gordillo con Calderón llevó a la situación de que los nueve consejeros respondían a dicha alianza, en tanto que el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, no contaba con ninguno. Gran disparidad, que se agravó al ser el resultado de esa elección de 2006 un empate técnico, en el que Calderón oficialmente ganó por menos del uno por ciento.

El hecho de que el IFE realizara la apertura sólo del 3% de los paquetes electorales, cuando la demanda del PRD era que se abriera el 100% (si bien legalmente sólo era permisible abrir el 64% por contener alguna inconsistencia aritmética en las actas), motivó nuevas sospechas sobre la parcialidad del Instituto en esa elección.

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