20 años de alternancia electoral en el noroeste de México

20 años de alternancia electoral en el noroeste de México

En México, hasta antes de la década de los ochenta del siglo XX, las elecciones no eran un objeto de estudio relevante debido a la forma en que se configuraba el sistema de partidos, los marcos institucionales que dictaban las reglas formales (e informales) y los resultados electorales que surgían de procesos amañados y controlados por el Estado, para diseñar los órganos de representación política.

Después vino una etapa que, a causa de factores como la falta de legitimidad política, un modelo autoritario de gobierno y elecciones con muy baja competencia entre partidos, se caracterizó por motivar un proceso de transición política cuyo resultado consistió en cambios institucionales en las leyes electorales federales y locales, la última de ellas, aprobada en el verano de 2014, fue la modificación del modelo electoral mexicano. Después de varias reformas electorales vinieron, en consecuencia, una serie de fenómenos políticos como los gobiernos divididos y yuxtapuestos, la competitividad electoral, las alianzas electorales, nuevos modelos de comunicación política, la preocupación por el costo del voto, la fiscalización a los partidos políticos, etcétera.

Asimismo, la idea generalizada (y quizá mal planteada) en el imaginario social de que para salir de los males que aquejaban al país se requería que la alternancia electoral, en todos los niveles de gobierno, llegara para institucionalizarse como parte final del proceso de transición a la democracia.

Sin embargo, las evidencias empezaron a mostrar la paradoja de que el proceso de transición política “corría” por carriles distintos en la arena federal y en las entidades del país. No fue lo mismo el proceso de transición federal, que tuvo como uno de sus resultados la alternancia en 2000, que el mosaico de alternancias en las gubernaturas que se han presentado desde 1989 a 2012.

Como se puede deducir, si comparamos estos datos con información para todo el país, “sólo 9 estados (31% del padrón electoral) no han tenido alternancia en la gubernatura; otros 9 estados (35% del padrón) han tenido 1 alternancia; 12 estados (20% del padrón) ya vivieron 2 alternancias; 2 estados han vivido 3 alternancias: Tlaxcala y Chiapas (5% del padrón); 3 entidades han probado gobiernos de los 3 principales partidos: Tlaxcala, Baja California Sur y Morelos; el pan y el prd han hecho alianzas 12 veces; obtuvieron la victoria en la mitad (han perdido en Durango en 1992 y 2010, Chihuahua en 2004, Coahuila en 1999, Hidalgo en 2010, Oaxaca en 2004; y han ganado en Nayarit en 1999, Chiapas en 2000, Yucatán en 2001, Sinaloa, Oaxaca y Puebla en 2010). Además, 4 partidos políticos que perdieron una elección han regresado 6 años después a ganarla generando de esa manera alternancias: Francisco Barrio (Chihuahua 1986 y 1992), Natividad González Parás (Nuevo León 1997 y 2003), Gabino Cué (Oaxaca en 2004 y 2010), y Mariano González Zarur (Tlaxcala en 2004 y 2010). Por último, de las 39 alternancias, el pan ha ganado 12; el PRD; el PRI 12; y las alianzas pan-prd 6” (Consulta Mitofski, 2012).

De esta manera, lo que los datos indican es una producción de alternancias en las gubernaturas, que tienen como característica la falta de homogeneidad (cada una contiene distintos factores contextuales, institucionales y socioeconómicos), por ello es más probable que las alternancias se presenten en entidades en donde imperan reglas electorales más justas, mayor educación, flujos de comercio internacional, etcétera (Soto, 2012). Así lo señalan los estudios locales; en la mayoría de las alternancias no se han producido los resultados esperados de mayor utilidad social o de más bienestar para la mayoría (Colomer, 2001).

En ese sentido, lo que en algunas entidades del país fue un modelo a seguir en cuanto a democratización, debido a que se lograron cambios de partido en el poder, hoy, cuando han pasado más de veinte años desde que se presentó la primera alternancia en la gubernatura de Baja California, existen entidades con resultados diversos que merecen estudiarse.

El presente libro es producto de un foro de análisis realizado en el año 2012 en las instalaciones de El Colegio de Sonora, cuyo objetivo central fue hacer un recuento de las entidades del noroeste de México que han logrado alternancias en el Poder Ejecutivo estatal: Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa, Baja California Sur y Sonora.

En el primer trabajo, Alberto Aziz Nassif revisa el caso de Chihuahua, lugar en el que los ciclos políticos llevaron del conflicto electoral a la alternancia, luego al desencanto de una ciudadanía que regresó a los gobiernos del PRI y tuvo que enfrentar los peores niveles de violencia e inseguridad que se recuerden en décadas.

El autor trata de hacer una revisión de algunas de las hipótesis que planteó en trabajos anteriores, pero con una mirada actual. El capítulo elaborado por Víctor Alejandro Espinoza Valle hace un recuento de las implicaciones de más de dos décadas de elecciones locales en la más fronteriza de las entidades del norte de México.

El autor señala que, en 1989, tuvo lugar la primera alternancia en el Poder Ejecutivo, en la que se constituyó un gobierno dividido en virtud de que el partido del nuevo gobernador no alcanzó la mayoría absoluta en el Congreso. Esos dos fenómenos se repitieron a nivel federal hasta los años de 1997 y 2000. A lo largo del texto refiere que el bipartidismo es una constante en la historia política local. Por otro lado, el abstencionismo se ha convertido en una variable fundamental de la cultura política y los ciudadanos se han mantenido alejados de las urnas durante los últimos procesos electorales estatales y federales.

El capítulo elaborado por Ernesto Hernández Norzagaray y Lorena Schobert Lizárraga está dedicado al análisis del periodo de alternancia política en el estado de Sinaloa. En él, los autores no pretenden hacer un ejercicio de las diversas dimensiones que exige un estudio integral, sino comprender el triángulo problemático que justifica el título, es decir: los efectos del sistema electoral sobre el sistema de partidos y subsecuentemente en su grado de calidad democrática.

El trabajo que presenta José Antonio Beltrán Morales aborda el caso de Baja California Sur, en él, organiza la información y ofrece un análisis que parte de una periodización a partir del comportamiento electoral y variación en las preferencias políticas, tomando en cuenta condiciones particulares de la competencia política local.

El autor destaca los periodos de 1975 a 1990 y de 1993 a 2008, en los que hace referencia a los saldos electorales. También incluye en su estudio un tercer período o escenario de composición del poder político local distinto a las etapas anteriores: el proceso electoral local de 2011, que dibujó una condición de excepcionalidad en la distribución y conformación del poder local.

En el capítulo que presentan Javier Alejandro Lugo Sau y Juan Poom Medina se hace un análisis de la dimensión política en las elecciones para gobernador de 2009, en perspectiva comparada con las de 2003. La pertinencia de hacerlo comparativo les permite ahondar en el contexto político electoral que permeó durante ese periodo en el que la alternancia se presentó en las elecciones de gobernador, además, el ejercicio de comparación les ayuda a sostener el argumento de que la alternancia electoral que Sonora vivió en 2009 no fue producto de una coyuntura específica, sino de un proceso gradual que claramente deja ver los reñidos resultados de la contienda por la gubernatura en 2003.

El referente teórico al que recurren, es el argumento de las discusiones sobre el tema de la calidad de la democracia y el instrumento metodológico que utilizan es la base de datos que se construyó en el marco de los trabajos de la Red Mexicana de Calidad de la Democracia en México.

El trabajo de Alejandro Espinoza presenta datos sobre el impacto que provocó en el comportamiento político de la población de Hermosillo el incendio en la guardería abc. El imaginario de la sociedad relaciona el impacto del evento trágico con los resultados de la jornada electoral del 5 de julio de 2009, específicamente, la alternancia en la gubernatura de Sonora. Pese a ello, los hallazgos del estudio revelan que el impacto se sitúa en actitudes que abarcan un espectro mucho más amplio del comportamiento político.

Los discursos de la sociedad hermosillense muestran un fenómeno complejo, categorizado como la formación de un trauma cívico donde se incorporan aspectos como la cultura política, las identidades sociales y la noción de ciudadanía. El capítulo desarrollado por Gustavo Abdiel Ramírez Camberos, plantea un análisis del monitoreo de medios masivos de comunicación que, con motivo del proceso electoral local 2009, ordenó el Consejo Estatal Electoral. En él se ubica a los monitoreos electorales dentro de las teorías de la comunicación de masas y en el contexto histórico de los procesos políticos de México.

Si bien es cierto que los monitoreos son políticamente importantes para hacer diagnósticos de la distribución cuantitativa de la información electoral en los medios masivos, es necesario consolidar los criterios metodológicos a partir de los cuales se elaboran para darle mayor certidumbre a la información que se genera. Por último, pero no por ello menos importante, Eduardo Manuel Trujillo Trujillo presenta una serie de reflexiones analíticas sobre el tema del servicio civil como una deuda de las alternancias.

El autor hace una revisión documentada del contexto de las alternancias en el país, después, ofrece elementos suficientes para contemplar la profesionalización del servicio civil como un instrumento que permite alcanzar mayores niveles de eficiencia y eficacia en las labores electorales, principalmente en los órganos electorales en el país.

Cabe advertir a los lectores que una limitación del presente libro se relaciona con el corte temporal del análisis de las alternancias que aquí se describen. Los estudios se refieren hasta el año 2012 y, como es del conocimiento, las elecciones de 2015 y 2016 presentaron nuevas alternancias que merecen ser analizadas. Por ejemplo, en Sonora y Nuevo León se tuvieron elecciones en 2015, que en el primer caso trajo el regreso del PRI al poder y, en el segundo, un candidato independiente obtuvo la victoria electoral.

Lo mismo sucedió en las elecciones de gobernador en Sinaloa 2016 en que el PRI de nuevo recupera el escaño de gobernador, o bien en Chihuahua donde el pan consiguió una victoria. Se trata de casos que deben ser analizados en otro momento, cuando existan datos o evidencias sobre su desempeño de gobierno. Entonces una tarea pendiente es el análisis de las nuevas alternancias. La tarea continúa.

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