Democracia y organismos internacionales

Democracia y organismos internacionales

Todos los países del continente americano, en distintas medidas y proporciones, han pasado por regímenes que distaban de calificarse como democráticos. Los golpes de Estado, las dictaduras y los conflictos internos armados eran la regla y no la excepción en América durante la segunda mitad del siglo XX.

A ello se deben sumar las situaciones vividas en países como México, en donde si bien el contexto no calificaba dentro de alguno de los supuestos anteriores, lo cierto es que las elecciones estaban lejos de ser consideradas libres y respetuosas del clamor popular.

En ese contexto, la visión de la democracia era un tema que no podía ser excluido de los foros multilaterales, ya fueran políticos, económicos, sociales o de derechos humanos. Durante más de 60 años, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) han tenido a la democracia como uno de los principios rectores de su actuar.

Ello se evidencia en un sinnúmero de resoluciones que ambos organismos han emitido al respecto, así como en los instrumentos internacionales (tratados, declaraciones, resoluciones) que han adoptado, en los mecanismos de supervisión creados y en la forma en que toman en cuenta a la democracia como un indicador transversal de la gestión de todas sus instituciones.

La labor que han llevado a cabo estos organismos en su conjunto refleja no sólo las continuas tensiones generadas respecto de la aceptación de diversos tipos y formas de gobierno, sino la subsistencia de modelos antidemocráticos que cuentan con el apoyo o auspicio de distintos países. Pero, más importante y significativo aún, estos foros también han resultado ser la última opción para quienes tienen que acudir a instancias internacionales para denunciar la ausencia de democracia o el quebranto a la misma.

En tal sentido, es importante recordar que México ha tenido un papel central en los escenarios internacionales, tanto en la propuesta de resoluciones y de iniciativas de adopción de instrumentos internacionales, como en mantener una postura de respeto a la soberanía de los Estados y de defensa de la democracia.

Sin duda alguna, también es un reto para México y para los demás países tener congruencia entre la política exterior y la interna. En lo que atañe al ámbito de la Organización de los Estados Americanos, hay evidentes contradicciones en el actuar de sus distintas instancias, que se explican en gran medida porque las discusiones tienen claros tintes políticos, económicos o ideológicos que responden a los distintos intereses de los países de un continente diverso y desigual como lo es el americano.

No obstante, en el marco de esa organización continental han existido buenas experiencias que deben rescatarse.

En tal sentido, destacan tres instancias que han guiado su actuar por valores que tienen que ver principalmente con los derechos humanos y con la democracia como piedra angular de su labor. Así, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) han demostrado que las valoraciones y posiciones políticas de los países también tienen el contrapeso de los derechos humanos, y como instancias especializadas supervisan la actuación de los Estados desde ese enfoque. En el ámbito de las Naciones Unidas, también hay instancias similares que monitorean las obligaciones de los Estados desde la misma perspectiva.

Con ello se ha dado un lugar cada vez más privilegiado a la dignidad de las personas y los pueblos, abriéndose camino para que sea efectiva la rendición de cuentas por parte de los Estados o de quienes tienen el poder en un determinado momento, para que den cuenta sobre decisiones ilegales, antidemocráticas o contrarias a los derechos humanos.

Por tanto, en el presente documento se explica de manera breve el funcionamiento de las principales instancias de la ONU y la OEA, haciendo énfasis en el actuar de sus asambleas generales. Dada la cercanía con realidades latinoamericanas, se habla con mayor detalle sobre la OEA y las instancias creadas en su seno.

Asimismo, se hace una exposición de los órganos internacionales de protección de derechos humanos que dependen de cada una de esas instituciones y los tratados que reconocen los derechos políticos; además, se presentan ejemplos actuales sobre la labor de los mismos en relación con los países del continente americano y, especialmente, respecto de México. Finalmente, se expone una serie de reflexiones y conclusiones sobre el tema.

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