Formación ciudadana en México

Formación ciudadana en México

Cuatro cuadras separan la puerta de la escuela de la parada del autobús. Pero son muchos los que prefieren tomar el camino largo para evitar varios inconvenientes: desde las cucarachas que tapizan el suelo cerca de los puestos de comida, hasta la bolita de chavos que “les bajan” los cinco pesos del pesero, el celular o los tenis. Construir un sendero seguro fue el proyecto ciudadano de este año.

Con la participación de maestros, la directora, algunos padres de familia y un comité de alumnos, la escuela hizo un mapa de riesgos y un proyecto de solución, el cual presentaron a las autoridades. La limpieza del lugar fue el primer problema que se resolvió, pues de inmediato clausuraron algunos puestos y fumigaron. La seguridad es un problema más difícil, las brigadas de autoprotección funcionaron unas semanas […] Aún están buscando alternativas. 

En este fragmento de la vida cotidiana se trasluce un proceso formativo que coloca el acento en la constitución de un sujeto de derechos, con un alto sentido de responsabilidad personal y social, competente para participar, capaz de relacionarse con la autoridad para plantearle problemas, propuestas y pedirle cuentas.

Se trata de una historia de construcción de ciudadanía. Mucho se ha escrito sobre los fundamentos, enfoques, métodos y técnicas de la educación ciudadana;1 sin embargo, como veremos en este texto, sigue siendo para México una necesidad insatisfecha, un proceso en permanente incompletud pues con frecuencia ha sido confinado a espacios y tiempos marginales.

¿Qué pasa si un país no forma a sus ciudadanos? ¿Qué tipo de ciudadanía necesita México? ¿Qué enfoques formativos son los más adecuados para hacer frente a los desafíos que acusan las encuestas de cultura política? En este texto se aportan elementos para responder éstas y otras preguntas partiendo de la convicción de que un Estado democrático requiere de una ciudadanía competente, comprometida con la defensa de la democracia, preocupada por asuntos públicos y con un sólido sentido de pertenencia a su sociedad civil y política.

Estas capacidades se van configurando a través de la participación, la defensa de los derechos, la acción colectiva, así como mediante procesos formativos sistemáticos e intencionados, es decir, la formación ciudadana.  No todas las acciones de educación política son pertinentes para construir una ciudadanía democrática; por esta razón en la primera parte del texto se perfilan los rasgos de un proceso formativo que efectivamente contribuye a ello.

Acudo al concepto de formación ciudadana para tomar distancia tanto de la instrucción como de la socialización política, y apuntar hacia un proceso integral que explícitamente eduque en los conocimientos, las actitudes, los valores y las habilidades necesarios para ejercer la ciudadanía política, civil y social en los distintos ámbitos en los que una persona se desenvuelve. Se opta por un proceso más formativo que informativo, en el que se procure construir ciudadanía mediante una constante articulación del conocimiento, el pensamiento crítico, la aplicación de los valores, la participación y la acción colectiva.

El concepto de democracia de ciudadanía ayuda a configurar un enfoque de formación ciudadana en el que además se incorpore el contexto, es decir, las condiciones en las cuales se ejerce la ciudadanía y que corresponde a cada Estado establecer: reconocimiento del voto, elecciones limpias, libertad electoral, garantía de respeto y protección a los derechos humanos, segurabilidad y bienestar para la población.

De esta manera, se fortifica el impulso del tránsito de la democracia electoral a la democracia de ciudadanía. Se presenta a la formación ciudadana como una educación en valores porque el ciudadano democrático es un sujeto cuya cualidad moral se expresa en su compromiso con el bienestar común, en la capacidad de convertir los principios y valores de la democracia en criterios de juicio y acción, reconocedor del otro, con alto sentido de la justicia, la legalidad y de sus responsabilidades humanas.

Pero también es una educación en derechos humanos, porque el ciudadano se constituye en el ejercicio de éstos. En esa experiencia como sujeto social y político, se asume como constructor de su entorno, lo que le confiere poder en distintas escalas. Finalmente, la formación ciudadana se concibe como una educación para la democracia, lo que implica construir contextos propicios para la aplicación de sus principios y procedimientos, incidir en las representaciones que las personas tienen sobre lo público y sobre el mundo social.

En la segunda parte de este documento, esta visión integral de la formación ciudadana se convierte en un referente para analizar las acciones realizadas actualmente en México.

Se analizan las características de los procesos de formación ciudadana que se despliegan en las escuelas de educación básica, normadas por un currículo que ha sido bien evaluado por el Sistema Regional de Evaluación y Desarrollo de Competencias Ciudadanas (SREDECC) y mediadas por condiciones adversas y por las contradicciones de un entorno sociopolítico y cultural desigual, injusto, poco democrático, las cuales no sólo desafían el discurso de la formación ciudadana en el ámbito escolar, sino que dejan el sabor agridulce de la utopía.

A través del análisis de los avances y desafíos en el tema que nos ocupa, se pretende plantear líneas para configurar una estrategia nacional de formación ciudadana sustentada en la idea de una sociedad educadora capaz de articular esfuerzos de diversas instancias formativas en el marco de un trabajo de corresponsabilidad.

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