ÉTICA Y POLÍTICA PARA TIEMPOS VIOLENTOS

ÉTICA Y POLÍTICA PARA TIEMPOS VIOLENTOS

Ética y política para tiempos violentos se concibe a partir de un planteamiento eje: es la ética la que puede proporcionar el arsenal apropiado para el combate político a las fuerzas disolventes de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la propiedad-trabajo, grandes principios de la modernidad. Esta situación crítica se expresa en estallidos de violencia de muchos tipos, pero todos asociados con las ausencias de las instituciones públicas y con el extravío del principio de responsabilidad política.

De esta tesis principal, como hilo conductor que atraviesa toda la obra, se desprende también el principio de que la política, la que realmente tiene futuro, es la que se encuentra fundamentada éticamente. Pero es necesario diferenciar la ética de la “mera moral”; la primera consiste en una parte de la filosofía que se propone el estudio de las razones del deber ser.

En este sentido, la ética tiene una primera parte que es descriptiva de las razones por las cuales los seres humanos actúan de determinada manera y desarrollan un tipo de carácter individual, pero también una formación cultural característica de la comunidad y la asociación política. Así, ética es, en primer lugar, el estudio de las pasiones humanas ancladas en un mundo de la vida formado por las costumbres, los hábitos, en fin, los modos de ser de los pueblos.

Desde este fundamento, la ética se propone establecer la racionalidad de los enunciados morales, los imperativos categóricos propios del deber ser. Así, puede haber muchas morales o, como se sostiene en esta obra, variadas moralidades, tantas como normas de conducta específicas y concretas se desprenden de una constelación de principios, no siempre conscientes.

Una ética, en tanto disciplina filosófica, ilumina entonces las razones de la existencia y la operación de las varias morales, en tanto reglas de acción. Estos razonamientos y argumentaciones se despliegan, de modo detallado, a lo largo de diez capítulos que se pueden leer de manera independiente, porque tienen, en efecto, la estructura de ensayos autónomos. De manera didáctica, Gerardo Ávalos ha elegido la forma dialogada de la entrevista para introducirnos en la necesidad de pensar filosóficamente temas básicos de la convivencia humana, en una época atravesada por la violencia.

“Tiempos violentos –dice el autor– justifican hoy más que nunca el recurso a la filosofía y, en especial, a aquella parte que se dedica al estudio de la racionalidad de lo bueno (y lo malo), lo justo (y lo injusto)”. Destinado a algunas aclaraciones terminológicas básicas, “Ética y política: un vínculo polivalente”, hace una exposición, lo más didáctica posible, del concepto de ética. Esto es tanto más necesario cuanto que suele confundirse la ética (o lo ético) con lo moralmente bueno.

Aquí se dan razones por las que esto no es así, de la mano de algunos clásicos de la ética. Sobre esta base se vincula la ética con la política y, entonces, se tiene que ampliar el concepto de política. Se valora, también, el papel de la retórica en la transmisión de lo bueno y lo justo y, por tanto, en la construcción de ciudadanos responsables. En “Respuestas antiguas, dilemas modernos”, un breve pero conciso capítulo, sintetiza los argumentos éticos básicos de la filosofía antigua y expone una serie de razones por las cuales la modernidad (con el principio de la libertad subjetiva) implica serias con tradicciones morales.

Los dilemas éticos modernos no son de fácil superación y constituyen todo un reto para la actividad política. La norma que establece que “antes de juzgar y condenar es necesario comprender”, suele ser desatendida en una época públicamente secularizada, racional, tolerante e incluyente, pero fascinada por moralizar todo, en cualquier momento y a la menor provocación.

En “El gobierno de las pasiones” el autor reivindica el papel de la ética para una política democrática. El título del capítulo alude precisamente al significado de la política en tanto gobierno de seres humanos reales, donde las pasiones deben ser gobernadas, no reprimidas. Recordar estas lecciones constituye todo un programa para el presente. Mediante el análisis de la actividad política coyuntural e inmediata, en “Ética de la revolución” se ponen en juego las razones por las cuales puede ser justificada moralmente la revolución en su sentido histórico y con un significado político claro: es posible reformar el orden social con base en el recurso a la razón y las razones, expresadas en deliberaciones, pero civilizadamente, en la acción política.

En “Las contradicciones morales de la democracia”, el autor hace énfasis en que si se juzga desde la ética, la democracia no está libre de dilemas morales. Hay algunos muy conocidos, por ejemplo: el principio de elección no es realmente democrático, o la regla de mayoría significa imposición para la minoría. Aunque el individuo ciudadano como tal parezca impotente frente a la lógica colectiva contenida en la democracia (una lógica de masas), históricamente es lo que ha brindado la era moderna como forma más civilizada de la vida política.

Saber de estas contradicciones es la condición que hace posible el diseño de estrategias efectivas, desde la lógica de la función pública. En “La mentira en política” se plantea un claro dilema moral en el ejercicio del poder en todas sus formas, especialmente en la praxis gubernativa. La propuesta interpretativa señala que la política misma constituye, en el mundo moderno, un universo de ficción en el que la mentira (el mito, la ilusión, la fantasía y la utopía) está presupuesta.

Con esto es necesario contar. “La ética de la liberación” es una presentación del pensamiento de Enrique Dussel. Sin duda, el pensador argentino-mexicano es un referente de la fundamentación material de la ética en el “principio de la reproducción de la vida humana”. A diferencia de los distintos proyectos de emancipación, el de Dussel ha estado vinculado, propiamente, con la teología de la liberación. Aquí sólo se abre la posibilidad de un debate. En “Si la política es lucha, ¿cuál ética?” se revisa la relación ética-política a partir de concebir a la política como lucha por el poder y su ejercicio.

En estas condiciones es necesario adoptar una racionalidad estratégica por encima de las voluntades individuales de la ciudadanía a fin de que prevalezca el interés público. Pero esto genera contradicciones que, moralmente formuladas, se encuentran en la base de la “lucha por el desconocimiento”, es decir, la tentativa de organizar la oposición y caída del grupo gobernante por medio de la deslegitimación. Estas son las condiciones en las cuales se ha de desenvolver la política de nuestra época, y es insuperable.

“El ethos del burgués y la eticidad moderna” presenta a la modernidad como una condición de existencia que tiene como soporte el trabajo y el esfuerzo individual. Este ethos se traduce en moralidades diversas, todas ellas adaptables al proceso de acumulación del capital legítimamente adquirido. Se ha constituido así una eticidad mundial que rige de diversas formas los comportamientos humanos universalmente válidos. En la condición “posmoderna” este ethos adquiere la forma de una “ética light” muy peligrosa para la pervivencia del sistema.

Finalmente, en “Psicoanálisis, ética y política” se valora al psicoanálisis como una fuente privilegiada para iluminar la relación entre ética y política desde otra perspectiva. Como toda ética tiene un piso básico descriptivo, el psicoanálisis constituye ese piso de toda ética viable. Quien no tome en cuenta el legado del psicoanálisis para la reformulación de las moralidades estará condenado a lidiar con la ilusión del “ser humano éticamente perfecto”.

El psicoanálisis quizá desaliente “proyectos de emancipación”, y quizá también sea un saber melancólico, pero al menos previene contra los grandes proyectos políticos que terminan aplastando la libertad del individuo.

El Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados se congratula al promover el pensamiento de uno de los investigadores más destacados de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, cuyas reflexiones sin duda alguna contribuyen al conocimiento de la dinámica social, la política contemporánea, y bajo la visión y compromiso permanente de contribuir al fortalecimiento del quehacer y debate parlamentario.

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