La modernización política en México desde la perspectiva de sus actores

La modernización política en México desde la perspectiva de sus actores

En México, las formas de realizar campañas electorales han cambiado significativamente desde principios de la década de 1990. La relevancia de los mítines o las concentraciones masivas que permitían a los candidatos y candidatas comunicarse directamente con los electores va cediendo ante formas de comunicación mediada.

Este rasgo, desde luego, no es exclusivo del país, sino que forma parte de un proceso de cambios que ha sido estudiado en distintas partes del mundo y que se caracterizó como modernización política (Swanson & Mancini, 1996). Los investigadores se preguntaban si los cambios implicaban modificaciones profundas en la política –debido, por ejemplo, a la inclusión de nuevos actores relevantes– o si sólo se trataba de la incorporación de prácticas que serían asimiladas sin provocar mayores repercusiones.

Esa tensión en el entendimiento de los cambios estructura la investigación que se presenta, con la atención dirigida a las particularidades que el proceso de modernización asumió en nuestro país. Si en otros países, como en Estados Unidos, las innovaciones llevan más de 60 años, en México se han manifestado en un par de décadas, de modo que algunos políticos y políticas activos electoralmente han experimentado tales modificaciones en sus propias campañas.

Si bien los investigadores de la modernización encontraron un patrón común de cambios en las campañas electorales de distintos países, destaca en todos los casos la relevancia del contexto sociopolítico de cada región, ya que sus características determinan la rapidez de los avances, los obstáculos o las dimensiones que primero se adoptan. Es decir, sin plantearse una mirada estructural, el estudio de la modernización política demanda la definición del contexto en el que se desarrolla el objeto de estudio.

Así, aproximarse a este proceso nos va a revelar o confirmar ángulos del funcionamiento del sistema político, en general. La investigación se orientó en conocer el avance del proceso a partir de la experiencia de actores relevantes: políticas y políticos que tuvieran acceso a las nuevas prácticas. Así, el nivel de análisis es mesosocial, basándose en los supuestos de la etnosociología propuestos por Bertaux, dado que enfatizan la posiblidad de “identificar las lógicas de acción, los mecanismos sociales, los procesos de reproducción y de transformación”2 de un grupo social a partir de los relatos de sus integrantes.

Es decir, sistematizando las experiencias de políticos y políticas es posible dar cuenta de la forma en la cual la modernización ha ido avanzado en el país; y esta perspectiva aporta un ángulo original a la investigación y permite ahondar en la identificación de algunas condiciones que promovieron o dificultaron la adopción de estas nuevas prácticas.

La decisión del método planteó desafíos teóricos y metodológicos que fueron solventándose mediante investigación documental, ampliación de los recursos teóricos y, significativamente, la orientación de investigadoras e investigadores de El Colegio de México. Fue necesario realizar un acercamiento preliminar al campo para contrastar conceptos teóricos que requerían definirse con mayor precisión antes de operacionalizar las variables y diseñar los instrumentos de recolección de datos.

Así, se decidió realizar entrevistas a consultores y a una consultora especializados en comunicación política, con prestigio en el país y en la región. Es importante mencionar que ellos y ella son identificados teóricamente como “agentes” impulsores de los cambios de la modernización. Son, por tanto, actores esenciales del proceso.

Esas entrevistas fueron muy útiles para la investigación, ya que cumplieron y sobrepasaron los objetivos anticipados: pemitieron ajustar conceptos al contexto mexicano e incluso desechar algunos; brindaron criterios para hacer observables las categorías y las dimensiones analíticas, y contribuyeron a la construcción del contexto sociopolítico de la modernización en México.

Es necesario destacar que los consultores añadieron un modelo a los dos definidos teóricamente. Si la revisión del estado del arte había llevado al contraste de los modelos moderno y de mediatización, el caso mexicano requería la configuración de uno tradicional. Es decir, se podría observar la presencia o el uso intensivo de las nuevas prácticas, pero también se podría registrar la ausencia de ellas.

En el Capítulo 2 se ahonda sobre este aspecto. Así, las respuestas obtenidas en las entrevistas se podían sistematizar en un continuo que caracterizaba la intensidad en el uso de las nuevas herramientas de la comunicación en la política.

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