El Instituto Federal Electoral, Presencia y legado

El Instituto Federal Electoral, Presencia y legado

Los años de existencia del Instituto Federal Electoral son definitivos en la historia política del país. A partir de su origen, causado inmediatamente por la crisis electoral de 1988, la cual propicia que el Gobierno de la República, los partidos políticos nacionales –que se constituyen en protagonistas permanentes–, el poder legislativo de la Unión y la inconformidad generalizada se agrupan para edificar una institución electoral diferente, insólita, capaz de trocar en confianza las anteriores incertidumbres.

Desde los periodos iniciales el organismo aprovecha experiencias –renovadoras, acertadas, equívocas– para modificar, transformar su normativa jurídica en favor de la aplicación de los principios orientadores, rectores indudables: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad. Dos características singulares se convierten en firmes pilares de la nueva dependencia: el padrón federal y el servicio profesional electoral.

La primera de ellas origina, fragua la confianza ciudadana que contempla una creación legítima, perfeccionada científicamente, y la segunda acredita la autonomía interna, la imparcialidad de sus colaboradores, su especialización permanente y los méritos como peldaños básicos para ascender. También en el seno del IFE se gestan elementos que hoy son parte de los usos y la confianza obtenida por la institución: la credencial para votar con fotografía, no solo instrumento para cumplir deberes y derechos políticos, sino documento de identificación personal incomparable; las listas nominales de electores, consecuencia primordial de la inclusión individual en el padrón electoral; la insaculación de los ciudadanos que serán capacitados como funcionarios de casillas; las mamparas para asegurar el secreto del sufragio; la tinta indeleble que evita la duplicidad de los votos; las boletas impresas en papel de seguridad y afianzadas con diversos factores infalibles; la fiscalización de las finanzas de los partidos políticos; la equidad en los medios de comunicación; la metodología de encuestas; los conteos rápidos y la difusión certera de los resultados preliminares de las contiendas.

Ya que el IFE ha desaparecido para dar lugar al Instituto Nacional Electoral es conveniente relatar, editar una evocación; un análisis múltiple que pretende ser un recuento, un registro veraz, explicativo y simultáneamente atractivo del itinerario institucional. De ahí la significación de esta obra. Se trata, a la vez, de un libro profundo y ligero. Profundo por – que contiene la reflexión de diversos especialistas, de un conjunto de miradas y voces autónomas, independientes, que contemplaron al IFE en sus ocupaciones y resultados; libremente los coautores de estas páginas señalan aciertos y errores; desarrollo y tropiezos.

Asimismo, constituye un testimonio ligero ya que muestra imágenes, fotografías que dan prueba de la edificación del IFE; de las actividades para organizar los procesos electorales y su cotidianeidad, al igual que la puesta en marcha de innovaciones y realizaciones constantes. Aunque relatar plenamente la realidad de la transición a la democracia es un trabajo ciclópeo, demostrar los aspectos preeminentes y perdurables de ese gran vuelco en un libro es una contribución sólida, conveniente, para estimular la memoria sobre uno de los pasajes cabales de la historia política de nuestra patria.

Sin duda alguna, las elecciones federales son ejercicio central de la democracia, cuya cualidad más importante es la permanencia de la confianza ciudadana. Para lograrla el ife despliega durante veintitrés años una labor que hoy constituye el principal legado que recibe el Instituto Nacional Electoral.

El cambio no es únicamente de nombre porque las nuevas atribuciones de la recién creada organización son muchas y muy variadas. Por ello, en el presente libro nos ocupamos de esta sucesión institucional, con un esencial epílogo que evite desentendernos de los retos del porvenir y de las injusticias sociales que no ha abatido el sistema de vida democrático. Tampoco se han perdido en el olvido las circunstancias que en cada momento acompañaron al IFE durante toda su existencia ni los esfuerzos constantes orientados a convertirse en el eslabón del que carecía el país para arribar a una organización democrática confiable, con alternancia en los resultados de los comicios y la esperada pluralidad en la composición de las instituciones del Estado. Este es un libro, también, con un claro destino.

Para que los trabajadores del INE –muchos de quienes fueron colaboradores del ife– reconozcan en sus páginas sus indudables orígenes y reafirmen la importancia de sus tareas para lograr un país democrático y justo. De igual manera, se trata de una obra de referencia para académicos, investigadores, miembros de círculos políticos, líderes de opinión, y todo quien proponga ampliar su comprensión individual del difícil sendero mexicano para lograr comicios limpios y confiables. En resumen, el objetivo general de este libro es mostrar al Instituto Federal Electoral como un valor político y social construido por todos los ciudadanos mexicanos.

En esencia, se testimonia una institución que logra incorporar en los procesos y jornadas electorales a la mayoría de nuestros compatriotas, al dotarlos de un documento de identidad incanjeable, al convocarlos a participar como funcionarios justos, legítimos y estimular una confianza construida ardua y lentamente, con un andamiaje muy complejo y con el esfuerzo de miles de trabajadores.

En el mismo sentido, se debe señalar que los principios rectores del Instituto Federal Electoral –certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad– permanecen como valores aceptados gracias al impulso de una sociedad que los exigía.

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