Estado de derecho, democracia y educación ciudadana

Estado de derecho, democracia y educación ciudadana

El Estado de derecho constituye uno de los fundamentos de toda democracia moderna, ya que implica un gobierno de leyes que ofrece certidumbre jurídica y orden político, al tiempo que su propósito es garantizar que las relaciones entre instituciones y ciudadanos se den en un marco de legalidad que garantice los derechos de todos los individuos.

Estado de derecho, democracia y educación ciudadana reúne bajo la coordinación de Rodolfo Vázquez Cardozo, los ensayos de seis especialistas que profundizan desde diversos ángulos en temáticas fundamentales para la solidez de una democracia.

En el texto introductorio, Rodolfo Vázquez Cardozo señala que el Estado de derecho exige a la autoridad estar facultada para su encargo y que las leyes que produzca tengan carácter general, una visión prospectiva, sean estables en el tiempo, claras y transparentes. Bajo esos preceptos, el autor señala que la construcción y consolidación de un Estado de derecho atraviesa por la responsabilidad de los servidores públicos y la transparencia de los actos de gobierno: rendición de cuentas de parte de la autoridad y derecho de los ciudadanos a acceder a información gubernamental.

Por su parte, Federico Reyes Heroles coloca como eje de sus reflexiones al ciudadano en su texto “Estado de derecho y democracia”.

Tras realizar una exposición de las distintas aproximaciones teóricas para entender el cambio social, el autor efectúa un recorrido sobre la situación de la ciudadanía en México, destacando que ésta nació tardíamente debido al fenómeno del corporativismo.

Asimismo, señala los cambios políticos, sociales y tecnológicos que durante la última década han fungido como catalizadores de una nueva conciencia, alertando, sin embargo, que aspectos como la inseguridad, la corrupción y la impunidad son factores que ahogan la conciencia y el empoderamiento ciudadano.

A su vez, Andrea Pozas-Loyo aborda distintas conceptualizaciones de democracia e incursiona en una estrategia que distingue las diferentes dimensiones del Estado de derecho, para lo cual adopta el enfoque de la democracia mínima tal como la entienden Schumpeter y Przeworski, cuya virtud es promover, entre otros bienes, la dimensión institucional del Estado de derecho. La autora sostiene que, si por definición la democracia incorpora al Estado de derecho (concepción maximalista de democracia), “sus relaciones no son susceptibles de estudio empírico, sino que están dadas a priori”; por ende, adoptar una concepción minimalista para entender la relación entre ambas temáticas resulta lo más apropiado para fines académicos.

En el siguiente ensayo titulado “Democracia y derechos humanos en México”, Miguel Sarre se pregunta cómo es que la democracia electoral puede favorecer a la democracia sustantiva, a lo cual da respuesta de la siguiente manera: si bien la primera es condición necesaria para la segunda, nunca será suficiente, por lo que se debe buscar mediante los mecanismos de democracia directa, la participación ciudadana y el control social sobre los gobernantes, los medios para fortalecerla.

El autor también distingue entre los derechos civiles o individuales procedentes de la tradición liberal y los sociales que recoge la vertiente social impulsada por la Revolución, a fin de examinar cómo puede incidir la democracia política a favor de la satisfacción de los derechos humanos.

En el texto “Elecciones y democracia. Un binomio indisoluble”, Jacqueline Peschard destaca que la democracia implica la intervención de los ciudadanos en las decisiones políticas mediante la selección de sus gobernantes y representantes, a través de elecciones libres, justas y competitivas, así como la existencia de derechos y garantías que les permitan ejercer cierto control sobre sus gobernantes.

La autora concibe al principio electivo como expresión de la existencia de derechos y libertades, donde el derecho a votar y ser votado funciona como una palanca que incorpora a los ciudadanos a la comunidad política y su carácter periódico permite delimitar el tiempo que a los gobernantes se les autoriza estar en el poder.

Desde otro tenor, Pedro Salazar Ugarte plantea que, a pesar del pesimismo derivado de factores estructurales y coyunturales en nuestro país, existe un fenómeno de construcción institucional que debe reconocerse, ya que sus resultados se han materializado en instituciones que impulsan la consolidación de un Estado constitucional y democrático.

Asimismo, el autor señala cuatro aspectos en los cuales el papel de la sociedad civil ha sido fundamental en nuestro país: la democracia electoral; el derecho a la información y la transparencia gubernamental; la reforma en materia de derechos 9 humanos de junio de 2011 y el Sistema Nacional Anticorrupción.

El libro cierra con el texto de Jesús Rodríguez Zepeda, titulado “¿En qué educar cuando se educa en democracia? Ideas básicas sobre educación ciudadana y democracia”, donde se aborda el vínculo entre educación y democracia como mecanismo para la construcción de una ciudadanía propia del siglo XXI.

Asimismo, el autor de este texto considera fundamental respetar los derechos políticos y que la vigencia de un régimen constitucional garantice los derechos humanos, a la vez que propone la construcción de una cultura pública democrática capaz de integrar y potenciar la voz de los ciudadanos en las cuestiones públicas.

En síntesis, la presente obra se sumerge en una rica discusión que gira en torno a los conceptos que le dan título al libro, y los capítulos ofrecen tanto en lo particular como en su conjunto, una valiosa aportación a la reflexión democrática en nuestro país.

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