El futuro de la democracia

El futuro de la democracia

El concepto de democracia, a través de sus más de 25 siglos de existencia, ha resistido múltiples transformaciones, de acuerdo con el contexto histórico que se vive. Así como se le han adicionado características y cualidades, se le han restado otras tantas. Sin embargo, el concepto nunca ha perdido su esencia.

Hoy el debate sobre la democracia no gira ya principalmente en torno a su emergencia y consolidación, a las cualidades que debe o debería tener como sistema de gobierno y como forma de vida, sino más bien acerca del rumbo que lleva y a dónde puede llegar, como lo expuso el doctor Ernesto Garzón Valdés en la conferencia magistral “El futuro de la democracia”, en donde se aboca a delinear cuáles son las condiciones necesarias para asegurar que la democracia perviva.

Garzón Valdés reflexiona sobre cómo una postura optimista o pesimista ha influido en el pensamiento de teóricos de la democracia, clásicos y contemporáneos, y cómo a partir de dichas posturas es posible pensar en las condiciones que permitirían vislumbrar el futuro de la democracia.

Optimismo y pesimismo han sido estados de ánimo determinantes para la configuración de las ideas –respecto a los aspectos vinculados con el concepto de democracia y su realización práctica, como lo apunta el autor–, del marqués de Condorcet, Alexis de Tocqueville, Carlos S. Nino, Jeremy Waldron, Immanuel Kant, Francis Fukuyama, Anthony Downs, Kenneth J. Arrow, JeanJacques Rousseau, David Hume, John Rawls, Brian Barry y David Held, entre otros.

El análisis sobre estas dos posturas, optimista y pesimista, desde una perspectiva demócrata ambas, permite a Garzón hacer una aproximación a las condiciones necesarias para que la democracia permanezca, pues “[…] la democracia no debe morir, pero sus males no han de ser curados con falsas ilusiones sino introduciendo las correcciones que exigen las cambiantes circunstancias de una historia que nunca termina y que no tiene más sentido que el que sus actores, es decir, el género humano, le confiere”.

Con una abierta invitación a la reflexión y a la propuesta, Garzón Valdés concluye que para el futuro de la democracia es indispensable procurar mantener alerta la conciencia de los problemas que enfrenta actualmente la democracia, asegurar el mayor grado de libertad en igualdad, dar prioridad a lo político sobre lo económico, privilegiar la condición de ciudadanos como eje central de la democratización, tener en cuenta que la democracia es un sistema normativo sometido a reglas muy exigentes, democratizar primero al ciudadano para así, después, proyectar esta tendencia al sistema internacional, mantener una responsabilidad recíproca entre gobernantes y gobernados, no dar cabida a la exclusión, no admitir las falsas ilusiones, no suponer que se ha logrado ya la realización plena de todas las potencialidades que encierra la concepción de la democracia, y no equiparar la tolerancia democrática con la permisividad incondicionada para la que todo vale.

Sólo siguiendo estas simples condiciones se podrá luchar contra el desconcierto político-institucional –afirma el autor– y garantizar así, más allá de una definición de democracia, que ésta llegue al futuro, y nosotros con ella.

El Instituto Federal Electoral, comprometido con la divulgación de la cultura política democrática, presenta el número 15 de la colección Conferencias Magistrales con el propósito de contribuir a la reflexión y al debate en torno a los diferentes temas sobre la democracia.

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