Consolidación democrática y orden político en América Latina después del ajuste económico

Consolidación democrática y orden político en América Latina después del ajuste económico

El estudio de las recientes transiciones democráticas en América Latina provee de un marco de referencia indispensable para la reflexión en torno a cada una de las cuestiones particulares de la política contemporánea en la región.

En su conferencia magistral Consolidación democrática y orden político en América Latina después del ajuste económico, que tuvo lugar el 25 de noviembre de 1997 en el auditorio del Instituto Federal Electoral, Marcelo Cavarozzi aporta una visión general y una serie de elementos teóricos relevantes para la comprensión de dichos procesos.

El autor presenta una revisión de los cambios políticos, económicos y sociales que se iniciaron en la década de los ochenta, partiendo de un estudio de la situación que prevalecía desde el periodo de entreguerras.

El autor señala que durante los años treinta se estableció en América Latina (aunque con las peculiaridades propias de cada país) un modelo de conducción económico-política “de matriz estadocéntrica”, cuyos elementos definitorios son una ampliación de la participación política, una extensión en la esfera de acción del Estado y un discurso centrado en el desarrollo nacional, más que en la democracia liberal que, sin embargo, también estaba presente.

Ello se dio en un contexto internacional de reajuste de los liderazgos económicos y de creación de nuevos modelos políticos. Este modelo se agotó, en lo económico, durante los años ochenta, debido a las crisis y los déficits fiscales en el ámbito interno, y a la agudización de los desequilibrios en las balanzas de pagos y las crisis de la deuda externa.

En lo político, el proceso implicó el retorno a la democracia en países como Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, Brasil y, más tardíamente, Chile, pero también la ampliación de la democracia formal en otros países. Cavarozzi señala que este doble proceso arrojó resultados paradójicos. Por ejemplo, comenzó a emerger como fuerza dominante la democracia política y, sin embargo, al mismo tiempo, a debilitarse como consecuencia de los ajustes económicos.

Ello se explica por la pérdida de la importancia de los mercados formales de trabajo –“el trabajo mismo empieza a ser cuestionado como forma de organización social”–, por la reducción del papel del Estado y de los servicios sociales que presta y por el debilitamiento de las identidades sociales tradicionales. En otras palabras, se dio un proceso de desintegración social y cultural de las sociedades latinoamericanas.

A ello habría que agregar, según considera el autor, una desubicación de las clases políticas y una desorientación en las ciencias sociales, es decir, en las herramientas de análisis, para ajustarse a las nuevas circunstancias. Otro fenómeno importante que se presentó en este periodo fue lo que Cavarozzi describe como un “espejismo de la democracia”: la creencia generalizada en la población de que la democracia podría resolver todas las dificultades políticas y económicas y que, en realidad, no consiguió sino velar la crisis, lo que a su vez redundó en una pérdida de credibilidad en el sistema político en general, en comportamientos individualistas, en un desprestigio del sistema de partidos y en un “capitalismo de saqueo” (particularmente en el terreno financiero).

Es decir, la democracia se vació de contenido y prevaleció un discurso antipolítico y no participativo. De ahí que surgieran los “hiperpresidentes” –Fujimori y Alfonsín, por ejemplo– de Estados muy adelgazados e ineficientes en términos de los enormes problemas sociales que debían enfrentar. Finalmente, hacia la segunda mitad de la presente década, el malestar político generó, según Cavarozzi, una “resurrección de la izquierda política”, que anuncia un momento en que reaparece la política como un mecanismo capaz de incidir en el manejo de la realidad social.

El autor concluye señalando los tres elementos que considera fundamentales para el desarrollo de este nuevo proceso: la recuperación del sentido de la democracia (de su contenido, del cual puede esperarse, citando a Pizzorno, “cuestionar la desigualdad a partir de la igualdad”), la reforma del Estado (es decir, una redefinición de su capacidad de conducción social) y el refuerzo de la sociedad civil (si bien advierte que en este tema es necesario evitar un “encantamiento” acrítico con la acción civil que puede, en momentos de crisis como el de la ex-Yugoslavia, llegar a asumir formas no democráticas).

En su opinión, la política en Latinoamérica puede recuperar su papel en la sociedad a condición de que, por un lado, refuerce su apego a la legalidad pero, por el otro, sea lo suficientemente flexible para tratar de lograr y mantener un equilibrio –necesariamente inestable– entre esos tres elementos.

El Instituto Federal Electoral presenta el número siete de la colección Conferencias Magistrales con el propósito de contribuir a la reflexión sobre los temas que en la actualidad resultan de particular interés para la comprensión de los sistemas democráticos.

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