UNA HISTORIA DEL CONSTITUCIONALISMO MEXICANO

UNA HISTORIA DEL CONSTITUCIONALISMO MEXICANO

Revisar la historia del constitucionalismo en México implica revisar sus constituciones, la forma en que se han construido y modificado, se han hecho vivir y se han olvidado, pero especialmente la forma en que han interactuado los ciudadanos con ellas. El constitucionalismo es la forma en que los principales elementos del Estado: Población, Gobierno y Territorio, se ajustan a un conjunto de reglas que se entiende son benéficas para todos.

La Constitución son esas reglas del juego que una sociedad establece para poder convivir y alcanzar los objetivos de cada uno de sus integrantes y las aspiraciones de toda la colectividad. Esas reglas del juego señalan lo que corresponde hacer (y no hacer) para alcanzarlos.

Así, la Constitución reconoce derechos y obligaciones, para tod@s, sean ciudadan@s, habitantes, o gobernantes. Las constituciones pueden ser escritas o no, pero es importante que tod@s sepan cuáles son esas reglas del juego, porque de ello depende que la Constitución esté viva y se alcancen esos objetivos o aspiraciones. Si todos la conocen y respetan se gana merecidamente entonces calificativos como: Ley Suprema, Carta Magna, Código Fundamental, Ley de Leyes, Ordenamiento Supremo, etcétera.

Si no se le conoce y respeta tales denominaciones no pasan de ser parte de un discurso vano. Para crear un documento tan importante, es preciso que todos participen y señalen sus objetivos y aspiraciones, estableciendo un compromiso respecto de aquello a lo que nos obligamos para alcanzar lo deseado.

Se trata de un pacto que hacemos en lo individual y en lo colectivo. En sociedades con muchos habitantes es imposible que todos puedan hacerlo de manera personal, por ello, suelen nombrarse a través de diversos mecanismos a quienes representarán a la población, es decir a tod@s los habitantes; esos representantes se denominan Poder Constituyente o simplemente constituyentes y son los encargados de redactar la Constitución, poniendo en un texto un contenido mínimo de principios que engloben todos los objetivos y aspiraciones de sus representados, los principales derechos que se reconocen, así como los deberes y obligaciones que es preciso respetar por todos. Una vez que los constituyentes se ponen de acuerdo, se aprueba la Constitución y se da a conocer, para que tod@s conozcan su contenido y para que sepan que a partir de ese momento esas son las reglas del juego que hay que seguir.

Por ello, siempre se considera que una Constitución debe ser de poca extensión, que esté al alcance de todas las personas, tanto porque puedan consultarla de manera fácil, como porque su lectura sea accesible por contar con conceptos claros. Ello nos permitirá saber sus alcances y por tanto cumplir con ella, respetando ese pacto mínimo que se ha hecho a través de nuestros representantes. Conocer la Constitución implica que sabemos cuáles son nuestros derechos y obligaciones, pero especialmente que sabemos cómo se va a hacer realidad uno de los derechos más importantes: el derecho a un buen Gobierno.

 Este derecho es sumamente importante porque la mayoría de los derechos se vuelven realidad a través de la labor que realiza el Gobierno, pues éste es quien administra recursos materiales y humanos para satisfacer algunas necesidades básicas de la población. La Constitución nos muestra cómo se organiza el Gobierno para dar satisfacción a las necesidades de la sociedad: primero estableciendo niveles y órganos de gobierno con funciones y facultades específicas, estrictamente delineadas; y después estableciendo un sistema de control y de responsabilidades para que se cumpla con esas funciones y facultades de acuerdo a lo establecido en la Constitución y normas que derivan de ella. Debe decirse que los países que adoptan al federalismo como un sistema de organización gubernamental tienen diversos niveles de gobierno: el federal, el estatal y el municipal, y que en ocasiones ello repercute en que existen varios tipos de reglas del juego, pero todas ellas sujetas a la Constitución general.

Por eso es muy importante conocer nuestro constitucionalismo, que no sólo se encuentra en el contenido de la Constitución, sino también en lo que los habitantes y ciudadanos hacemos con ella. Si no la conocemos y si no la respetamos, carece de importancia decirle Constitución, porque la consecuencia lógica es que muchas veces no se harán realidad los objetivos y aspiraciones ahí plasmados, y nuestros derechos difícilmente serán respetados por los demás, y será fácil que quienes estén en alguno de os niveles del Gobierno abusen del poder o desvíen recursos que son de tod@s para objetivos y aspiraciones que no son los de la población o no son aquellos para los cuales estaban asignados o destinados.

La ignorancia de los derechos y de las obligaciones constituye también uno de los obstáculos para tener un buen Gobierno. Con el paso del tiempo, puede ocurrir que esas reglas del juego, contenidas en la Constitución no satisfagan a todos, porque se considere en algún sentido que algo hace falta o, en otros casos, que resulta excesivo, o simplemente que por la dinámica social e institucional hayan quedado en parte obsoletas. Es entonces que hay necesidad de modificarlas, de cambiar parte de su contenido.

Eso se realiza mediante el mismo procedimiento: se nombran representantes de manera periódica que son los encargados de hacer las modificaciones o arreglos que va exigiendo la dinámica social, política, económica o cultural. Estos representantes conforman lo que se denomina Poder Revisor de la Constitución. En esencia, su labor es la de poner al día el contenido constitucional; de esta manera, la Constitución no se vuelve obsoleta o ajena a la sociedad que debe respetarla y hacerla valer. La Constitución promulgada un ya lejano 5 de febrero de 1917, en Querétaro, cumplió un siglo de vigencia.

Es con mucho la Constitución mexicana más longeva. Desde ahora conmemoramos aquel momento, pero como generación heredera del legado que representa, debemos hacernos de manera responsable las preguntas indispensables en ruta hacia el futuro. En materia constitucional, como en otros ámbitos de la vida institucional e incluso personal, se hace necesario saber hacia dónde vamos, y para tener esa certeza se requiere saber de dónde venimos. Por ello, para una perspectiva constitucional de futuro, primero hay que volver la vista al pasado. Ese es el objetivo de lo que sigue y que compartimos en búsqueda del diálogo y de la discusión, elementos que se han significado en nuestra historia como las mejores herramientas para ponernos de acuerdo y construir el entramado constitucional.

En estos momentos de celebración centenaria, me parece que son tres los puntos que deben abordarse: los orígenes de nuestra vida constitucional; las paradojas que plantearon las diversas soluciones que se presentaron a lo largo de estos dos siglos de reflexión constitucional y finalmente los retos que impone pensar la Constitución mexicana hacia el futuro. Trataremos de abundar sobre ello en las siguientes páginas, pensando que la premisa principal de las y los ciudadanos es la de conocer todo acerca de su Constitución. La definición del Estado mexicano se logró a mediados del siglo xix, básicamente con la promulgación de la Constitución de 1857, que tuvo dos premisas solo hay Constitución cuando la garantía de los derechos está asegurada y la separación de poderes determinada, adicionalmente, que solo una nación independiente puede darse una Constitución, solo un pueblo libre puede perfilar su propio proyecto de lo que quiere ser y hacer. Debe decirse que entre 1810 y 1857, hubo oportunidad de casi cinco décadas de reflexión constitucional. Para tal reflexión fue necesario un largo proceso durante el cual surgieron las propuestas que fueron delineando una visión política y social entre los habitantes de la nueva Nación, acerca de lo que se quería y cómo se quería; los diversos grupos que ocuparon los espacios gubernativos se encargaron de convertirla en texto constitucional.

Este trabajo pretende mostrar la historia del constitucionalismo y no sólo la historia de la Constitución o del Derecho Constitucional, porque queremos hacer un recorrido por la vida de una sociedad que en los últimos doscientos años ha tenido una intensa vida constitucional, marcada por la participación de muchos de sus habitantes para plasmar en la Constitución sus objetivos y aspiraciones, participación que en ocasión nos llevó a luchas armadas, pero que en cualquier caso muestran que había necesidad de pensar a la Constitución desde los objetivos y aspiraciones de mujeres y hombres que estaban conscientes de que la mejor Constitución es la que se respeta y hace cumplir por tod@s, especialmente por quienes integran la ciudadanía. La mejor Constitución es la que se vive, la que todos los días se hace valer.

Sobre eso queremos reflexionar en esta obra y por ello, al final del recorrido histórico encontrarán algunas pautas que pueden mejorar nuestro constitucionalismo, que no es otra cosa que mejorar la calidad de nuestra ciudadanía. Ojalá y este recorrido sea grato para quienes decidan iniciarlo y concluirlo, vale la pena para pensarnos como parte de la historia de nuestro constitucionalismo, principal obligación que desprendemos de aquel pacto mínimo que hicieron nuestros representantes y que como ciudadan@s refrendamos todos los días.

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O

http://biblioteca.diputados.gob.mx/janium/bv/lxiii/hist_cons_mex.pdf

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