CAPITAL ESPECULATIVO Y BLINDAJE FINANCIERO EN MÉXICO

CAPITAL ESPECULATIVO Y BLINDAJE FINANCIERO EN MÉXICO

La débil e incierta recuperación de la economía mundial, a partir de que la Gran Recesión (GR) finalizó oficialmente a mediados de 2009, dio lugar a un entorno de conflicto y confrontación en la búsqueda de opciones que impulsen el crecimiento de las economías nacionales.

El dilema ha consistido en que las autoridades de las economías de los principales países industriales, al no lograr poner en marcha sus capacidades internas de crecimiento, buscaron nuevas fortalezas que impulsaran la senda de su recuperación. La opción privilegiada fue incentivar la inversión y el consumo por medio de políticas monetarias altamente expansivas, además se busca incursionar en mercados extranjeros por el incremento de la actividad exportadora.

La primera opción ha llevado a que estos países mantengan tasas de interés inusualmente bajas, cercanas a cero, mientras que la segunda lleva a que mantengan sus monedas “baratas”. En un mundo globalizado, con un sistema financiero altamente interdependiente y extremadamente especulativo, como el actual, esta combinación de políticas se ha convertido en un coctel muy explosivo con resultados diferentes a los pretendidos y no del todo positivos.

Las bajas tasas de interés no se han convertido en un factor que catapulte una recuperación vigorosa del sector productivo en los países industrializados, como se pretendió con los diferentes episodios de la estrategia monetaria de “flexibilidad cuantitativa” (Quantitative Easy) aplicados por el Banco de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, su banco central, aunque la tercera versión pudo haber sido más exitosa que las dos primeras.

 Lo que sí incentivaron estas estrategias monetarias fue un vigoroso movimiento de capitales, técnicamente denominado “acarreo de divisas”, de los mercados de países industriales hacia las economías en desarrollo y dentro de éstas a las economías emergentes; es decir, las más avanzadas hacia el desarrollo.

 Este acarreo ocurre cuando los inversionistas adquieren endeudamiento a bajas tasas de interés que se convierte en flujos internacionales de capital de corto plazo en busca de ganancias especulativas aprovechando los diferenciales de tasas de interés que existen entre los países industrializados y los mercados emergentes.

Esta estrategias ha resultado ser una de las más efectivas para entorpecer el camino de la recuperación que se iniciaba a finales de 2009, al crear desequilibrios cambiarios y monetarios en los países menos afectados por la crisis inmobiliaria originada en el sector hipotecario de Estados Unidos. Tal situación ha llevado a las autoridades de los países receptores a defenderse contra los efectos negativos que estos flujos tienen sobre su competitividad al crear tendencias de apreciación de sus monedas. Razón tuvo el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, de calificar a este escenario de confrontación global como uno de “guerra de divisas” (Wheatly y Garnham, 2010; Blanchard, 2016).

El hecho irrefutable es que las tasas de interés y los tipos de cambio terminaron por ser utilizados como armas dentro de una estrategia de competitividad en una guerra por tener posiciones tácticamente fuertes en el comercio internacional. La búsqueda por compensar las debilidades de demanda que han padecido los mercados de los países industriales terminó por crear mayor inestabilidad monetaria y financiera que poco ha favorecido a productores y consumidores y mucho a los especuladores financieros responsables de la crisis global que aún a inicios de 2016 no termina por resolverse.

Más grave es que suenan señales de caer nuevamente en una recesión generalizada. Tan grave es esta confrontación que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvo que aceptar que los países emergentes no tenían porqué pagar los platos que los países industriales habían roto, lo que lo llevó a admitir que los países receptores de estos flujos estaban en el derecho de recurrir al uso de políticas que los protegieran contra los perjuicios causados por la excesiva especulación de estos flujos de capital de corto plazo.

México ha sido uno de los mercados emergentes preferidos por los inversionistas para estacionar sus capitales acarreados con efectos no del todo positivos sobre el valor de su paridad cambiaria y la estabilidad de su economía. Sin embargo, las autoridades monetarias mexicanas, principalmente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México (Banxico), no consideraron prudente ni necesario intervenir en el mercado cambiario como sí lo han hecho otros países en América Latina y en otras latitudes. Por el contrario, las autoridades mexicanas dieron total libertad al libre flujo de capitales aunque recurriendo a blindar la economía por medio de la acumulación de reservas internacionales.

El dilema es que esta política impone un alto costo sobre las finanzas públicas, es decir, sobre todos los mexicanos, sin que sea totalmente evidente el beneficio de transitar este camino. El propósito de este trabajo es explicar la lógica de funcionamiento de estos capitales sobre el mercado mundial de divisas, la peculiaridad del enfoque mexicano de puertas abiertas a la inversión especulativa y el alto precio que tal postura tiene para la economía mexicana por el elevado costo que se paga por la acumulación de reservas internacionales.

Se hace indispensable entender y explicar las razones por las cuales las autoridades mexicanas consideran como positivo lo que las autoridades de otros países estiman como perjudicial para sus economías. Para lograr estos objetivos se introduce, en la primera parte del trabajo, una serie de consideraciones teóricas sobre los mercados cambiarios y de capital así como consideraciones sobre la política monetaria de Estados Unidos y sus implicaciones para desatar la indeseada guerra de divisas y fortalecer el camino y el debate sobre el proteccionismo cambiario.

En la segunda parte se aborda la peculiaridad del enfoque mexicano de puertas abiertas a la inversión especulativa; las implicaciones y costos de tal postura.

Para tal propósito se postula la hipótesis de que la pureza ideológica de la libre movilidad de capitales que practican las autoridades mexicanas a la sombra de las restricciones que impone el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para facilitar este libre flujo de capitales, son negativas para el bienestar de la gran mayoría de los mexicanos debido al alto costo que se paga por la acumulación de reservas internacionales.

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http://biblioteca.diputados.gob.mx/janium/bv/cesop/lxiii/cap_esp_blifin_mex.pdf

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