DERECHOS DEL TRABAJADOR DE CONFIANZA

DERECHOS DEL TRABAJADOR DE CONFIANZA

La figura del trabajador de confianza no fue prevista en el artículo 123 constitucional y no ha aparecido en él como consecuencia de alguna reforma o adición. De  hecho, es un producto de  lo  que  con  muchas  reservas,  al menos respecto de México, tendríamos que calificar de «lucha de clases», que entre nosotros nunca se ha producido de manera real gracias corporativismo endémico que copiamos de la Italia fascista de Benito Mussolini y aún padecemos.

Si bien de alguna manera la Ley Federal del Trabajo de 18 de agosto de 1931 alude, como veremos más adelante, a  los trabajadores  de  confianza,  su  regulación  inicial se produjo en los contratos colectivos de trabajo (en adelante, CCT). Los empresarios, al firmarlos, lograban reservarse el derecho –frente a las cláusulas de exclusión de ingreso impuestas por los sindicatos- de contratar libremente a aquellos  trabajadores  que  de  alguna  manera  ejercerían funciones de representación, de simple mando o, en rigor, de confidencialidad.

Los CCT, por regla general, mediante un listado de los puestos llamados de confianza, servían de índice del mundo privado del empresario. Pero la Ley no preveía el tema en el sentido de crear para estos trabajadores un régimen especial. Gozaban de la estabilidad en el empleo, decretada  ésta en la fracción  XXII  del artículo 123 constitucional que muy pronto, en 1941, pasó a mejor vida gracias a la ejecutoria “Óscar Cué” de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)

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