¿Sólo palabras? El discurso de odio y las expresiones discriminatorias en México

¿Sólo palabras? El discurso de odio y las expresiones discriminatorias en México

El discurso de odio y las expresiones discriminatorias —entendidas en este estudio como la serie de estereotipos, prejuicios, imágenes y mensajes que representan errónea y desfavorablemente a grupos desaventajados— representan un daño en sí mismas, pero también son un indicador y a menudo el comienzo de una cadena de conductas y actitudes discriminatorias.

En 1954 Allport propuso una escala de cinco puntos a través de la cual describió las distintas formas en que funciona el prejuicio.

La escala no tiene exactitud matemática, sino que muestra la variedad de conductas y acciones que se derivan de actitudes y creencias basadas en prejuicios.

En la parte más alta de la escala se encuentra lo que Allport llamó “locución en contra” (antilocution). Esto se refiere a las personas que hablan unas con otras sobre sus prejuicios, frecuentemente entre conocidas que comparten las mismas ideas y ocasionalmente con extraños. La “locución en contra” puede tener diversos niveles de intensidad, por ejemplo puede mostrarse hostilidad a través de estereotipos, apodos y epítetos, los cuales tienen su origen generalmente en relaciones históricas hostiles muy arraigadas, pero también la “locución en contra” puede incluir expresiones amenazantes de odio y de violencia, las cuales, como se verá en los siguientes apartados, en muchos casos se consideran discurso de odio. Además, a medida que la “locución en contra” se intensifica, las posibilidades de que se relacione y genere discriminación y violencia crecen considerablemente.

El segundo nivel de la escala es la “evasión”. En éste, el prejuicio es más intenso; el individuo prejuicioso no inflige un daño intencionalmente en los miembros del grupo que desprecia, sino que manifiesta hostilidad cuando les ignora.

El tercer punto en la escala es “la discriminación”. En la escala de Allport, discriminación significa hacer distinciones desfavorables que ocasionan un perjuicio, por ejemplo, a través de la exclusión de ciertos individuos de ciertos empleos, viviendas (zonas habitacionales), derechos políticos, oportunidades educativas o de esparcimiento y hospitales o privilegios sociales. Esto puede estar respaldado por la ley, como ocurrió en Sudáfrica con el régimen de apartheid, o simplemente convertirse en una costumbre.

El cuarto punto de la escala son los “ataques físicos”. El prejuicio en este nivel se torna en contra del grupo vejado o de sus pertenencias materiales.

Finalmente, el quinto peldaño de la escala es el “exterminio”, es decir, linchamientos, masacres, genocidios, etcétera. El ejemplo más claro de este nivel es el programa genocida de Hitler, el cual representa el grado máximo de expresión violenta de prejuicios.

Por supuesto que tomar parte en una moderada “locución en contra” no significa necesariamente que el sujeto prejuicioso se moverá a un punto ulterior en la escala. Sin embargo, hacer caso omiso de la actividad en un nivel de la escala, facilita la transición a un nivel posterior.

De hecho, como se observará en este fascículo, la legislación redactada en términos de “incitación a la violencia o a la discriminación” sigue esta lógica, en la cual se considera que ciertas expresiones efectivamente incitan o provocan odio y discriminación.

Sin embargo, el problema de la “locución en contra”, ya sea en la forma de expresiones discriminatorias o discurso de odio, entendido en general como la incitación al odio o a la violencia, no se reduce a su conexión con la provocación de otras conductas: las expresiones discriminatorias y el discurso de odio infligen un daño en sí mismos, por su mera expresión.

En este sentido, se trata no sólo de palabras sino de una forma de discriminación, una práctica de segregación cultural, un golpe a la autoestima y a la estima social del grupo vejado.

Es una manifestación de la desventaja de ciertos grupos, es una forma verbal o pictórica de la desigualdad, es un eslabón en la discriminación sistemática que logra mantener a los grupos atacados en situaciones de subordinación. Por lo tanto, el daño en las expresiones discriminatorias y el discurso de odio no es solamente lo que dicen, sino lo que hacen por su mera expresión.

De esta forma, el daño es muy parecido al causado a través de la pornografía. Según la descripción de MacKinnon, aunado a la variedad de fuerzas estructurales que soportan la desigualdad, decir autocráticamente que alguien “es inferior” es en gran medida la manera en que los diferentes estatus sociales y los tratos desiguales se definen y concretan.

El lenguaje, de acuerdo con MacKinnon, actúa, es acción… Palabras e imágenes son la manera en que se coloca a las personas en jerarquías, son la forma en que se hace parecer que la estratificación social es inevitable y correcta, son la manera en que se engendran los sentimientos de inferioridad y de superioridad, y la forma en que se racionaliza y normaliza la indiferencia hacia la violencia en contra de los de abajo.

La supremacía social, según MacKinnon, no es natural, sino que se hace dentro y entre las personas a través de la fabricación de significados, y para deshacerla es necesario deshacer esos significados y los procedimientos de su manufactura.

Así entonces, tenemos que la desigualdad social es fundamentalmente creada y activada a través de palabras e imágenes. Estas constituyen una forma de segregación alcanzada a través de símbolos y de actos de comunicación en donde “decirlo es en efecto hacerlo”.

La discriminación según MacKinnon no se divide en actos por un lado y expresiones por otro, sino que las expresiones, las palabras y las imágenes son, ya sea consecuencias directas de actos de discriminación, tales como hacer pornografía o exigir que los judíos lleven estrellas amarillas, o bien, están conectadas a ellos, ya sea inmediata, lineal o indirectamente, o bien, de formas más amplias y complejas.

Sólo palabras es el título de un trascendental y conmovedor libro sobre la opresión de la mujer, y en particular sobre pornografía, escrito por Catharine MacKinnon en 1993. Hemos retomado el título de esta obra porque el presente fascículo hace referencia precisamente a ello, a un tipo de opresión a menudo reducido a discurso, a papel e imágenes, a “sólo palabras”, como si se tratase únicamente de eso y soslayando lo que en efecto hace, el daño que causa, a saber: discriminar. A nivel federal existe legislación sobre “expresiones discriminatorias” y discurso de odio en México desde el año 2003 en la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.

Esta Ley considera discriminación promover el odio y la violencia a través de mensajes e imágenes en los medios de comunicación (artículo 9, fracción XV) e incitar al odio, la violencia, el rechazo, la burla, la injuria, la persecución o la exclusión (artículo 9, fracción XXVII).

Asimismo, existe legislación en contra del “discurso de odio” en el Código Penal para el Distrito Federal desde 1999 (delitos contra la dignidad de las personas), y la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió en 2012 que las expresiones discriminatorias, especialmente las homófobas como “puñal” o “maricón” no se encuentran protegidas por el derecho a la libertad de expresión consagrado en la Constitución. Además, como se verá en este fascículo, el Estado mexicano tiene obligaciones internacionales relativas a la protección en contra de la incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia desde 1969 (entrada en vigor de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial de 1965).

En este estudio entenderemos que el discurso de odio consiste, en general, en la incitación al odio y/o a la violencia; mientras que las expresiones discriminatorias son formas menos abiertamente ofensivas, pero igualmente insidiosas y dañinas. Son expresiones que a menudo pasan por bromas, chistes o relajo, y por ello muchas veces quedan fuera de escrutinio.

Por ejemplo, anuncios sexistas, chistes racistas y demás representaciones erróneas y estereotípicas de grupos desaventajados.

Este estudio tiene por objetivo, en primer lugar, exponer el panorama legal de las expresiones discriminatorias y el discurso de odio en México, incluyendo sus fuentes internacionales y regionales, y en segundo lugar, hacer una evaluación de la pertinencia y utilidad de tal legislación, con la finalidad de esbozar posibles mejoras tendentes a una más efectiva reparación del daño.

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http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/pdfs/fas_CPCDH10.pdf

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