Diversidad sexual y derechos humanos

Diversidad sexual y derechos humanos

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, la palabra diversidad significa 1. f. Variedad, desemejanza, diferencia. 2. f. Abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas. En este sentido, cuando se habla de diversidad sexual, se hace referencia a la gran variedad de expresiones en que la sexualidad humana puede manifestarse.

De acuerdo con Jeffrey Weeks, la diversidad implica un continuo de conductas en el que un elemento no tiene mayor valor que cualquier otro.

La diversidad sexual abarca las sexualidades “plurales, polimorfas y placenteras” como la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, y la identidad de género ya sea como identidades esencializadas o como prácticas sexuales sin carácter identitario (Weeks, 2000).

De hecho, se considera que la noción de diversidad sexual es relativa y abierta al cambio y a la inclusión de nuevas identidades de acuerdo con el momento histórico y el contexto cultural específico.

También es importante considerar que la diversidad sexual incluye identidades plurales diversas en su interior Si bien algunas sociedades han establecido normas sexuales distintas, la diversidad sexual marca una distancia respecto de “la norma” que, en algunas religiones, como las basadas en la Biblia, suele considerarse como única e inamovible, al grado que dicha norma se ha llegado a considerar como “lo natural”, excluyendo todas las otras posibilidades como “actos contra natura”.

Es decir, que lo que existe en las posibilidades de expresión humana, se prohíbe, en aras de lograr sociedades pronatalistas, donde el único acto sexual legítimo es el que tiene la posibilidad de engendrar un nuevo miembro de la especie: el acto heterosexual. Así, la masturbación, la penetración anal, el coito interrumpido, la homosexualidad, tanto masculina como femenina, la felación y el cunniligus son dejados fuera de lo permitido y considerados como pecado. La modernidad ligada al ascenso de la burguesía en Europa, está acompañada por un cientificismo que se ve permeado por la moral religiosa, jugando un papel muy importante en la legitimación y legalización del sometimiento de los individuos, la medicina, en lugar de curar, empieza a crear dolor, al tratar de curar la “anormalidad”.

En el siglo XVIII, con el advenimiento del enciclopedismo, y el nuevo auge de los estudios científicos, lo que la religión denominaba “pecado nefando” pasa a ser parte del estudio de la medicina y la psiquiatría, acuñándose términos tales como “perversión” y “aberración”, como señala Michel Foucault en su Historia de la Sexualidad.

http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/pdfs/25_F33Diversidad.pdf

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