INVESTIGACIÓN REFERENTE AL EXAMEN, ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO DE LOS FENÓMENOS QUE PROVOCAN LA MAYOR INCIDENCIA DE IMPUNIDAD, SOBRE TODO EN MATERIA DE ENJUICIAMIENTO PENAL

INVESTIGACIÓN REFERENTE AL EXAMEN, ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO DE LOS FENÓMENOS QUE PROVOCAN LA MAYOR INCIDENCIA DE IMPUNIDAD, SOBRE TODO EN MATERIA DE ENJUICIAMIENTO PENAL

Un primer acercamiento al tema. El asunto de la justicia es de la mayor importancia. Los tiempos actuales se aprecian como de una alta complicación para la protección jurídica del individuo. Hace algunos años se postuló un ideario económico y político que hemos conocido como neoliberalismo y que, entre otros apotegmas, planteó un anatema en contra de lo que se llamó economía-ficción, por considerar que se fundaba y operaba sobre supuestos irreales, produciendo las creencias de una ensoñación y terminando en una pesadilla. Viene a cuento porque, hoy en día, en otro espacio neurálgico de nuestro acontecer colectivo vivimos algo similar, o peor aún.

El Estado de Derecho y el sistema de justicia son, en la actualidad mexicana, un estado y un sistema de ficción que no corresponden al enunciado de sus postulados, de sus propósitos, de su estipulación escrita, de sus dictados, de su estructura y, sobre todo, del discurso político de nuestros días. Sólo los especialistas en cuestiones de la mente podrían decir si esta incongruencia entre los conceptos y la realidad corresponde a la naturaleza de la imaginación, a la de la fantasía, a la del ensueño, a la del surrealismo, a la de la evasión, a la del delirio, a la de la alucinación o, por decirlo francamente, a la de la locura. Si la plástica mexicana pintara nuestro Estado de Derecho y de justicia, la quimera recomendaría a Velasco, a Icaza o a Clausell. La realidad aconsejaría a Varo, a Goitia o al mismísimo Ruelas.

Sería más acertado verlos con los ojos de José Clemente Orozco, concretamente a través del Hombre de Fuego, en la cúpula del Cabañas. Este riesgo de llegar a vivir, permanentemente, en un estado ficción se aprecia con sólo tener en cuenta que la sociedad mexicana convive, cotidianamente, con tres fenómenos que son el resultado de la mala función del sistema de Derecho: la ilegalidad, la inseguridad y la impunidad. Expliquémonos mejor en cuanto a lo que significa ese concepto tan trillado en el discurso y en la charla de todos los días. El sistema normativo se compone, esencialmente, de dos tipos de reglas jurídicas. Las primeras de ellas son las que establecen las obligaciones a cargo de los sujetos de derecho: pagar lo que se debe, no disponer de lo ajeno, cumplir con lo que se ha comprometido, respetar la vida y los bienes de los demás. Estos son, fraseados en lenguaje común, algunos ejemplos de normas que confieren derechos o imponen obligaciones. Pero ellas no son, en sí mismas, el Estado de Derecho. Su existencia implica la estructura de derecho. Su cumplimiento, en lo individual, nos coloca en un estado de licitud. Su observancia generalizada, en lo colectivo, nos anuncia que se está en un estado de cultura y de civilización. Ahora bien, el segundo grupo de normas son las que establecen las consecuencias jurídicas que se dan cuando acontece la inobservancia o la transgresión de las primeras.

Al que no pague lo debido se le debe requerir, embargar y aplicar sus bienes al pago de lo debido. Al que disponga de lo ajeno se le debe encarcelar. Al que no cumpla lo comprometido se le debe obligar a cumplir o a indemnizar. El funcionamiento perfecto del sistema jurídico no está sólo en la pulcritud conductual de los individuos sino en la capacidad del propio sistema para reaccionar, de manera oportuna y en la dirección correcta, cuando no se da esa pulcritud de cumplimiento y observancia. El Estado de Derecho es la más alta y significativa de las invenciones del hombre. Es el Himalaya de las creaciones humanas. Pero, además, proviene de una de las posturas de mayor humildad que han tenido los hombres a través de su historia.

El Derecho proviene del reconocimiento que hicimos los humanos de nuestra propia flaqueza. No hicimos el Derecho porque nos creyéramos buenos. Partiendo de ese supuesto, nunca hubiéramos legislado. Lo hicimos porque supimos que ni todos éramos buenos o, por lo menos, que no lo éramos en todo tiempo. El Derecho surge, existe y se explica para que se produzcan las consecuencias que no se producirían por nuestra sola voluntad. Sólo cuando el sistema jurídico responde ante el incumplimiento de la norma, de manera ordinaria y no excepcional, es cuando puede decirse que se está en presencia de un Estado de Derecho.

Hoy vivimos tiempos difíciles en materia de justicia. En México hay muchas cosas que van bien porque nos hemos esforzado, con éxito, durante muchos años para lograrlo. Pero si pudiéramos reducir a cinco las cosas que van mal, tendríamos que concluir que, en México, va muy mal la pobreza, va muy mal la justicia, va muy mal la seguridad, va muy mal la corrupción y va muy mal la impunidad. Esa combinación, en la historia, ha sido más que peligrosa. Eso nos da una cercana idea de lo mucho a lo que tendremos que aplicarnos los mexicanos, durante los tiempos venideros, para la entronización del Estado de Derecho y del Estado de Justicia.

Particularmente aquellos a quienes como ombudsmen, como juzgadores, como autoridades ejecutivas o como legisladores, la Nación les ha encomendado esas responsabilidades fundamentales. El Estado moderno se generó el día en que los hombres consideraron que todos, sin excepción, deberían estar sometidos al imperio de la ley y que ésta debería tener la suficiente capacidad para someter al rebelde y al contumaz, quienesquiera que ellos fueran. Metafóricamente, en la historia de la civilización humana, a partir del establecimiento del Estado de Derecho los hombres nos erguimos, nuestras extremidades dejaron de llamarse patas y nos diferenciamos de las demás especies. En la historia y en la vida del hombre, la existencia del Estado de Derecho significó haber salido de las cavernas. Pero, a diferencia del pensamiento darwiniano, la involución y la decadencia es posible y amenazadora y la mutación regresiva puede darse en una sola generación.

Dice un proverbio andaluz que la fuerza de una cadena es idéntica a la del más débil de sus eslabones. En todo el futuro de la humanidad, no sólo en el de nuestra sociedad, cada generación tendrá que cuidarse de no ser el eslabón que nos regrese, de nueva cuenta, a las cavernas. Cuidémonos de que no sea la nuestra.    

http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/pdfs/Pub-Examen-Analisis-Diagnostico.pdf

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