La perspectiva intercultural en la protección y garantía de los derechos humanos (una aproximación desde el análisis de las controversias electorales en comunidades indígenas)

La perspectiva intercultural en la protección y garantía de los derechos humanos (una aproximación desde el análisis de las controversias electorales en comunidades indígenas)

La cuestión intercultural es, sin lugar a dudas, un tema de nuestro tiempo; está presente en la reflexión ética, educativa, filosófica, antropológica y, desde hace ya varias décadas, aguijonea también la imaginación jurídica.

La complejidad que caracteriza a las sociedades contemporáneas, inmersas en procesos concurrentes de interrelación —causas y consecuencias de la globalización o mundialización— impacta en la forma de pensar al “otro”, desde el “sí mismo”, e implica desde la perspectiva jurídica, entre otras cuestiones, analizar lo que significa defender, proteger y garantizar los derechos humanos de las personas en sociedades complejas, culturalmente diversas, situadas en relaciones asimétricas, y en constante transformación.

La manera en que se analiza la igualdad y, por ende, la relación de cada persona respecto de otras, y entre aquélla o éstas con la sociedad a la que pertenecen, varía dependiendo del enfoque teórico del que se parta.

En este sentido, las distintas tradiciones filosóficas dan un sentido diverso a las personas y a la pertenencia de cada sujeto a un grupo, comunidad o nación, lo que tiene consecuencias en la manera en que son vistos y defendidos sus derechos.

La perspectiva intercultural pone el enfoque en la diversidad y el dedo en la llaga de la desigualdad.

Las relaciones asimétricas entre personas pertenecientes a culturas distintas suelen quedar ocultas en el discurso de los derechos, la libertad y la igualdad, cuando se descuidan los deberes, la solidaridad y la responsabilidad de unos con —y hacia— otros, como parte de una comunidad local, estatal y mundial.

Como dice Paul Ricoeur, […] el discurso del “yo puedo” es, sin duda, un discurso en yo. Pero el acento principal hay que ponerlo en el verbo, en el poder-hacer, al que corresponde, en el plano ético el poder-juzgar […], muchas filosofías del derecho natural presuponen un sujeto completo revestido de derechos antes de la entrada en sociedad. De hecho resulta que la participación de este sujeto en la vida común es, por principio, contingente y revocable, y que el individuo —porque así hay que llamar a la persona en esta hipótesis— está autorizado a esperar del Estado la protección de derechos constituidos al margen de él, sin que pese sobre él la obligación intrínseca de participar en las cargas ligadas al perfeccionamiento del vínculo social. Esta hipótesis de un sujeto de derecho, constituido anteriormente a cualquier vínculo de sociedad, sólo puede ser refutada si se corta su raíz […] la raíz es el desconocimiento de la función mediadora del otro entre capacidad [posibilidad] y efectuación [realización plena].

Es aquí —apunta Clifford Geertz— en el fortalecimiento del poder de nuestra imaginación para captar lo que hay frente a nosotros “donde residen los usos y el estudio de la diversidad”. Esto es, los usos de la diversidad cultural, de su estudio, su descripción, su análisis y su comprensión.

[…] consisten menos en nuestras propias clasificaciones que nos separan de los demás y a los demás de nosotros por mor de defender la integridad del grupo y mantener la lealtad hacia él, que en definir el terreno que la razón debe atravesar si se quieren alcanzar y ver cumplidas sus modestas recompensas.

Éste es un terreno desigual, lleno de repentinas fallas y pasos peligrosos donde los accidentes pueden suceder y suceden, y atravesarlo, o intentar hacerlo, poco o nada tiene que ver con allanarlo hasta hacer de él una llanura uniforme, segura y sin fisuras, sino que simplemente saca a la luz sus grietas y contornos.

Los cambios paradigmáticos, además de nuevas respuestas y alternativas a viejas problemáticas, despiertan temores a lo desconocido y a la incertidumbre de la complejidad; despiertan la imaginación del estupor de la comodidad y del letargo de la tradición cuando ya no es otra cosa que repetición estéril. Todo nuevo paradigma implica un cambio de perspectiva ante la consideración (creencia o convicción) de estar viviendo ante un nuevo horizonte sociocultural emergente, no todos resultan exitosos, cuando sí, son revolucionarios.

En el intervalo (y muy posiblemente fuera de él), el escenario es el de la perplejidad.4 México atraviesa por un momento de ampliación de sus horizontes constitucionales en múltiples materias. Las reformas constitucionales preconfiguran una realidad incierta en muchos ámbitos, imponen retos, generan incertidumbre y mayor complejidad.

En este contexto de renovado énfasis en la protección de la dignidad de las personas cualquier nuevo paradigma constitucional requiere necesariamente asumir una perspectiva intercultural, toda vez que lo que resulta más favorable a la dignidad de una persona sólo puede comprenderse y valorarse desde de su propio contexto local, social y cultural.

De otra forma estaríamos protegiendo un espejismo, puesto que el respeto a todas las personas exige, desde una perspectiva ética y jurídica, el respeto a su cultura, y para ello es necesario un enfoque abierto que promueva el diálogo, la solidaridad y la responsabilidad.

En última instancia —siguiendo a Marshall Sahlins—, si existe algo que se identifique con la naturaleza humana y del cual derive cualquier noción de dignidad o autonomía de las personas, ese algo es la cultura.

El ser humano es un animal cultural y en cuanto tal se define socialmente, y si la cultura es la naturaleza humana, lo es como un proyecto, como un llegar a ser basado en la capacidad de cancelarlo o llevarlo a cabo y no como una entidad o un algo constituido desde siempre.

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