LA DEMOCRATIZACIÓN MEXICANA. UN CAMINO TORTUOSO

LA DEMOCRATIZACIÓN MEXICANA. UN CAMINO TORTUOSO

¿Cómo hablar de democracia cuando no se concede el triunfo electoral frente a una mayoría mínima y se recurre a los tribunales con la idea de abrir un compás que facilite negociar las elecciones? ¿Cómo hablar de democracia cuando se tiene que recurrir a presiones públicas porque el sistema de control contra el fraude falla? ¿Cómo hablar de democracia cuándo la economía la controlan tres docenas de familias y el 60% de la población vive bajo la línea de pobreza? Habíamos avanzado en uno de los aspectos fundamentales de la madurez democrática: la cultura legal, y la usamos de la forma más anti-democrática posible.

Nos ha costado mucho trabajo construir una cultura legal (y estamos bien lejos de la misma) y los políticos ya están abusando de los pocos avances logrados, al lanzar al terreno de la negociación política los resultados electorales y al abusar de los resquicios de libertad, que no son muchos, para defraudar en las elecciones.

Parece que mientras la sociedad reclama democracia, ellos reclaman el proceso fraudulento. Los tribunales electorales están politizados y ceden a presiones partidistas. El Instituto Federal Electoral y sus contrapartes estatales nunca se consolidaron como entidades ciudadanas y se han convertido en un mecanismo de negociación de los partidos políticos. La gran reforma política que transformó al IFE en Instituto Nacional (INE) reprodujo los vicios, sigue del lado de los partidos políticos y cada día se encuentra más lejos de los ciudadanos; aunque la novedad es que el Tribunal electoral empieza a tirar resoluciones del INE, lo que irrita a los comisionados porque se destapa el juego, no obstante que bregan, con muy poco éxito, para tratar de ocultar sus lealtades partidistas.

En los estados normalmente el control de las elecciones está en manos del gobernador. Que gran decepción: supuestamente le quitamos el control de las elecciones al gobierno federal3 para dárselo a las burocracias de los partidos políticos y cada uno de éstos busca repetir lo mismo que hacia el gobierno. Igual que se oligarquizó la economía ha sucedido con la política, así el país ha caído en las manos de unos pocos vivales que juegan con los destinos nacionales, con muy poca probidad por cierto. Una vez más se comprueba que la unidad de las partes (los partidos) es una mala suma de las voluntades, tal vez, porque los gobiernos son una suma mal hecha.

¿Cómo hablar de democracia cuando escasamente se logran procesos electorales relativamente limpios y se asume que se ha llegado al final del camino? Las reformas políticas han dejado intocados a los mapaches, en cuyas manos se encuentran los procesos electorales, con lo que el destino de la voluntad ciudadana se encuentra bajo el control de una suerte de mafiosos cuya actividad, por supuesto, está fuera de la ley, aunque está protegida por la oligarquía partidista.

¿Cómo hablar de democracia cuando se compran votos?, lo que se hace factible dadas las condiciones de pobreza extrema que campean por el país y que permiten que la gente entregue su voluntad política a cambio de un plato de lentejas, o que por lo menos el día de la elección coman carne. Llegamos al punto en que le sugieren a la gente que tome lo que le ofrecen pero que voten por la “mejor: opción, aunque ya se ha hecho costumbre llamar a votar por el malo para que no gane el peor. Aun aceptando que hay avances en la “limpieza” electoral, esto no se ha traducido en una modificación para el acceso a la toma de decisiones.

No salimos del régimen de privilegio, la influencia sigue concentrada en unos cuantos. El país está bajo el control de 36 familias cuyo interés está muy lejos de considerar a la nación, sino más bien a saciar su pantagruélica hambre de riqueza y poder.

Los mismos nombres se repiten en todo tipo de proyectos a lo largo del país, la oligarquía económica logra concesiones, contratos, y ahoga a los pequeños empresarios locales y existen sospechas que el fenómeno de violencia existente en varias partes del país podría responder a una estrategia de vaciamiento del espacio para la explotación de recursos naturales, como sucede en donde hay yacimientos de gas, o grandes sistemas de flujo de agua que coinciden con los proyectos de fracking.

Después de un largo y tortuoso periplo hacia la democracia, la sociedad ha logrado una victoria pírrica: que el voto se respete un poco y a veces, pero no tiene injerencia en las cuestiones del gobierno. La fórmula del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se estancó en la retórica, la que a éstas alturas de la evolución a la democracia, le conviene a las oligarquías pero no convence a los que creían ser fuente de la soberanía.

¿Cómo hablar de democracia cuando las decisiones gubernamentales están dominadas por el clientelismo, el asistencialismo y el paternalismo que encadenan a la sociedad a la voluntad que mueve los recursos públicos para alcanzar sus propósitos de continuidad en el poder por el poder mismo? ¿Cómo hablar de democracia cuando la mitad de la población apenas sobrevive y ha sido despojada hasta de la posibilidad de soñar? ¿Cómo hablar de democracia cuando la reforma del Estado está sujeta a la voluntad de algunos actores políticos, y que algunos de ellos consolidaron lo más perverso de ese mismo sistema; el Estado de derecho se sujetó a que se satisfagan las ambiciones y apetitos de los poderosos y la sociedad resiente con intensidad la furia del gobierno que se siente cuestionado? ¿Cómo pensar que existe democracia cuando el concepto de gobernabilidad consiste en una sumisión societaria a los intereses y voluntad del gobierno y los gobernantes? ¿Cómo pensar que existe democracia cuándo el crimen organizado se ha fusionado con segmentos del Estado, dándo lugar al Crimen Autorizado que llena espacios políticos y administrativos, distorsionando la legitimidad, porque las instituciones que debían proteger a la sociedad, la someten, oprimen y hasta destrozan para saciar su sed y hambre de riqueza y poder? Este no es un libro sobre la alternancia porque esa es justamente el cambio de partidos políticos o de fuerzas en el poder, tampoco lo es sobre la transición porque seguimos bajo un régimen autoritario, este es un ensayo sobre la ya muy larga vía a la democratización, periplo que se ha convertido en un proceso largo, tedioso y en ocasiones, turbulento.

El sistema político mexicano construido durante el siglo XX se sustentó en un proceso general que consistió en construir un sistema sostenido en tres principios: cooptación, corrupción y represión; se privilegiaba alguno de ellos según las circunstancias, aunque siempre estaban todos presentes. A lo largo del libro iremos destacando algunas de estas combinaciones históricas. Muchas veces el análisis de la realidad se modela con eventos de distinto corte derivados de la experiencia del observador. Muchas veces me han preguntado si he sido amenazado y la respuesta es positiva, me preguntan si he sido censurado y la respuesta es similar, sin duda esos eventos han tenido un peso formativo indudable que ha generado una visión sombría sobre el país y sus posibilidades futuras.

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