DECLIVE Y RECONFIGURACIÓN DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

DECLIVE Y RECONFIGURACIÓN DE LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

Este libro tiene como objetivo tratar el tema de la representación política a través de un análisis que complementa teoría y empiria. En estos días hablar de representación se vuelve muy problemático ante la crisis de los partidos y el Poder Legislativo, como muestra sólo hay que revisar los niveles de desconfianza que se presentan en América Latina.

La representación es un concepto que ha mutado por muchos significados, incluso ahora en los gobiernos de corte autoritario parecería que se puede ligar el concepto, y tal como lo señala Hanna Pitkin:

No cabe duda que la actual popularidad del concepto está muy  fundamentada en el hecho de aparecer vinculado a la idea de democracia, así como a la idea de libertad y justicia. Sin embargo, en el transcurso de su historia tanto el concepto como la práctica de la representación han tenido poco que ver con la democracia y la libertad. Representación no tiene por qué significar gobierno representativo. Un rey puede representar a una nación, también puede hacerlo un embajador. Cualquier servidor público puede representar en algunas ocasiones al Estado. Así, las instituciones y los ejercicios que encarnan algún género de representación son necesarios en cualquier sociedad articulada, sin que ello tenga nada que ver con el auto-gobierno del pueblo.

Estos ensayos tratan acerca de la democracia representativa, es decir, la acepción moderna de la representación en la cual ya se incluyen las ideas señaladas por Pitkin de igualdad y justicia, por ello se espera que un

[…] gobierno representativo […] luche por el bienestar popular, y quizá creemos improbable que otros gobiernos también lo hagan. Pero el hecho de que un gobierno se preocupe por el interés de los súbditos es con mucho una evidencia, un criterio necesario pero no suficiente para calificarlo de representativo. 

Por ello, la representación contiene elementos que son necesarios más no suficientes para designar a los gobiernos como representativos; sólo en el momento en el que se da la suma de todos ellos puede ser nombrado como tal.

Bernard Manin establece cuatro principios básicos que caracterizan a los gobiernos representativos:

1. Quienes gobiernan son nombrados por elección con intervalos regulares;

2. La toma de decisiones de quienes gobiernan conserva un grado de independencia respecto de los deseos del electorado;

3. Los gobernados pueden expresar sus opiniones y deseos políticos sin estar sujetos al control de los gobernantes, y

4. Las decisiones públicas se someten a un proceso de debate.

Conocemos el grado de crisis en el que algunos de estos principios han entrado, pero más allá de pensar que la representación se encuentra en un estado agónico, este libro hace una revisión de lo que está sucediendo y propone ciertas salidas desde el plano nacional hasta el internacional.

Siguiendo a Manin, la evolución de la representación política ha transitado por tres etapas, que son: el parlamentarismo, la democracia de partidos y la democracia de audiencia. Son a partir de éstas que entendemos el comportamiento actual de los actores en las democracias. En la democracia de partidos, como en el parlamentarismo, la elección sigue siendo una expresión de confianza más que una opción de medidas políticas concretas. Lo único que cambia es el objeto de la confianza: “ya no son las personas, sino una organización: el partido”.  Mientras, “la democracia de audiencia es el gobierno de los expertos en medios”.

En esta última forma de representación se enfatiza la importancia del marketing, y los debates de la política muchas veces no son los que hacen que ganen los candidatos, sino los spots  y las descalificaciones. Por momentos parece que se regresa a la forma parlamentaria en la cual la persona está sobre la organización. Por ejemplo, en América Latina se ha padecido la personalización de la política por parte de los caudillos durante décadas, haciendo que los ataques se direccionen hacia cuestiones de índole personal más que al debate de las ideas.

La mediatización de la política está creando un alejamiento entre políticos y sus decisiones de interés público, representando cada vez más a intereses particulares, o por lo menos eso es lo que se percibe en las encuestas. Como lo señala Pitkin:

“El sistema representativo debe buscar el interés público y sensibilizarse ante la opinión pública, excepto en la medida en que la falta de dicha sensibilidad pueda justificarse en términos del interés público. En ambos fines, el proceso es público e institucional”.  Cuando esto no sucede, el sistema representativo deja de tener sentido, si el interés personal se sobrepone al bien común entonces sí hay una verdadera crisis. Por ello, lo que se debe buscar son nuevos controles y el fortalecimiento de los existentes, como la rendición de cuentas.

La presente obra se compone de tres segmentos a través de los cuales se analizan, teórica y empíricamente, las actuales condiciones de representación política en regímenes democráticos.

En la primera parte se desarrollan los matices teóricos de la representación. En “La democracia representativa y sus fundamentos teóricos”, se analiza la democracia representativa, es decir, la representación que incluye no sólo a la democracia, sino también preceptos del liberalismo como la libertad y la justicia. Además, se examinan las visiones de tres pensadores liberales fundamentales para el desarrollo de la representación, aunque también se incluyen autores modernos que van dando un adecuado complemento al entendimiento del texto. Por último, se hace una reflexión sobre la inclusión de las minorías dentro del sistema representativo, de manera independiente de la búsqueda de las mayorías.

Complementa el primer apartado, el artículo “Una interpretación de la representación política: del gobierno representativo al gobierno local”, de Salvador Mora Velázquez, en el que hace una reflexión teórica sobre los partidos, para señalar los límites tanto estructurales como organizacionales de estos cuerpos intermedios. Asimismo, se pretende ubicar un espacio para la participación directa más allá del partido y de la política formal, pues es a partir del concepto de ciudadano activo que se construye el momento de la democracia deliberativa con la presencia de agentes más comprometidos en la vigilancia y sanción de la acción gubernamental. Con ello, estamos frente a una mutación de la participación en donde el eje principal es el ciudadano.

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http://biblioteca.diputados.gob.mx/janium/bv/ce/scpd/LX/declive.pdf

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