TECNOLOGÍA CÍVICA PARA UNA CULTURA DE PREVENCIÓN DE DESASTRES

TECNOLOGÍA CÍVICA PARA UNA CULTURA DE PREVENCIÓN DE DESASTRES

Este libro está dedicado a la juventud pero está escrito para todos. El propósito es fomentar una cultura de participación social ética y responsable. El conocimiento sobre las causas que ocasionan los desastres es el mejor antídoto para evitar graves daños que dejan en la sociedad, la presencia de fenómenos peligrosos como son los sismos, los tornados o los huracanes, ya no deberían de sorprendernos.

Cualquier población en el mundo está expuesta a amenazas que ponen en riesgo la vida, la salud y los bienes de sus habitantes, pero si como ciudadanos conocemos los riesgos a los que estamos expuestos los podemos reducir y aminorar en sus impactos.

Los desastres no son sucesos espontáneos de la naturaleza que irrumpen súbitamente en las comunidades, tampoco son producto de la ira de los dioses.

Tienen su propia historia. En la actualidad se entienden como construcciones sociales de riesgo y son una consecuencia de las fallas en el desarrollo. Por ello, debemos avanzar en la promoción de una cultura de prevención para lograr comunidades resilientes.

El principal reto que enfrentan los países del orbe es transitar de un modelo de atención de emergencias a uno de Gestión Integral de Riesgos (GIR) con la participación de los sectores de la sociedad y la cooperación de las naciones. El daño social y los costos de recuperación que dejan tras de sí los fenómenos desastrosos es muy alto comparado con lo que se invierte en medidas preventivas.

En eso tenemos algo que podemos hacer; sobre todo, si aprovechamos los recursos que nos proporciona la era digital y las tecnologías de la comunicación. En las últimas décadas la organización mundial a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha fortalecido y los conceptos evolucionaron al igual que el alcance de las metas en los acuerdos internacionales como es el Marco Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030.

A partir de entonces, los desastres ya no se entienden como fenómenos “naturales”, y la definición se amplió para incluir a las amenazas de origen humano y los riesgos ambientales o tecnológicos; y el concepto resistencia se sustituyó por resiliencia. Ya no se busca la reducción de desastres; sino del riesgo de desastres.

Las catástrofes generan sufrimiento humano, pérdida de vidas, retraso en el desarrollo y deterioro ambiental, es un problema de injusticia social: las poblaciones pobres y vulnerables siempre son las más afectadas.

No debemos permitir que el riesgo de desastres crezca más rápido que nuestros esfuerzos por contenerlo, en el horizonte vemos a la juventud comprometida con el desarrollo sostenible, en el marco de la tecnología cívica para consolidar una cultura de prevención.

DESCARGA GRATIS:

https://drive.google.com/file/d/10WKvsOnHOkyLZ8sAsRC56E6nGr8Qh-A9/view?usp=sharing

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http://biblioteca.diputados.gob.mx/janium/bv/ceameg/lxiii/tecciv_predes_lxiii.pdf

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