El estado actual de la protección a la libertad de expresión en México TOMO I

El estado actual de la protección a la libertad de expresión en México TOMO I

En junio de 2013, el diputado federal panista, Guillermo Anaya, sostenía una rueda de prensa en Torreón cuando el reportero de televisión Alonso Hernández le hizo una pregunta que el legislador consideró incómoda. Al terminar la conferencia, Anaya se acercó al periodista y le espetó: “lo que te hace falta es que te den un levantón”.

El comentario pudo parecer una broma si no fuera por el contexto. En los tres años previos ocho periodistas y trabajadores de medios de la Comarca Lagunera habían sido secuestrados, hechos que seguramente no ignoraba Anaya, a la sazón presidente de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados.

Pero el diputado debió pensar que el mejor escarmiento para un periodista incómodo es someterlo a una de las experiencias más traumáticas no sólo para un reportero sino para cualquier persona.

Para empeorar las cosas, otro de los asistentes a la rueda de prensa, el diputado local Fernando Gutiérrez, pidió a Hernández eliminar la grabación con el comentario amenazante, como si con un simple botón pudiera borrarse la realidad.

El episodio revela el creciente desprecio hacia la labor periodística y la libertad de expresión ya no sólo de parte de cuerpos policiacos o militares o de grupos del crimen organizado, sino también de actores políticos relevantes o de cualquiera que se encuentre bajo el escrutinio de los medios de comunicación.

Ese desprecio ha sido evidente en los últimos años, en los que la prensa mexicana ha estado bajo el asedio de agresiones físicas, verbales, digitales o legales incluso de parte de quienes deben salvaguardar el derecho de la libertad de expresión.

Este libro nos revela la complejidad del problema de las agresiones contra periodistas en México. La diversidad de tipos de ataque y de tipos de agresores, junto con la falta de voluntad para perseguir y castigar los intentos para silenciar a la prensa y la ausencia de garantías para que los periodistas realicen su trabajo de manera segura. Las agresiones son legión: Homicidios y secuestros de periodistas, ataques armados contra instalaciones de medios, golpizas contra reporteros que cubren manifestaciones callejeras, robo o destrucción del equipo que usan para consignar la realidad que sucede en las calles, amenazas para dejar de publicar información incómoda, intervenciones cibernéticas para acceder a datos privados de periodistas o lanzar campañas de desprestigio, acoso legal mediante detenciones arbitrarias, citatorios judiciales o demandas. Tan sólo en 2013 y 2014 el mapa “Periodistas en Riesgo”, una iniciativa de Freedom House y el International Center for Journalists, ha documentado más de 200 casos de agresión física, psicológica, digital o legal.

Pero casos no equivale a personas o ataques individuales, sino que cada incidente puede ser contra varios periodistas y contener más de un tipo de agresión. Por lo mismo, el total de los ataques de cualquier tipo contra trabajadores de medios es exponencialmente mayor. La geografía de los ataques también es variada.

Prácticamente todos los estados de la República Mexicana registran al menos una agresión contra periodistas o medios de comunicación en los últimos dos años, con las excepciones de Yucatán, Campeche, Colima, Nayarit y Baja California Sur.

En algunas zonas del país se pueden identificar riesgos específicos para los periodistas. Por ejemplo, en el Distrito Federal el principal peligro es sufrir una golpiza a manos de policías o manifestantes durante protestas callejeras.

En los estados del sur el principal riesgo son policías locales o grupos sociales. En el norte, el crimen organizado es el principal agresor de periodistas, para evitar que los hechos violentos que desatan en la pugna por territorios lleguen a los diarios, los noticieros o las redes sociales.

Pero hay algunos estados que registran una variedad de agresiones, como si fueran microcosmos del país entero. En Veracruz se han registrado homicidios, secuestros, golpizas, amenazas, robo de equipo, hackeo de páginas de Internet, detenciones arbitrarias y otras formas de hostigamiento. Tamaulipas, Chihuahua y el Estado de México viven una diversidad similar.

La mayoría de las agresiones proviene de las fuerzas de seguridad pública, las policías municipales y estatales, así como la Policía Federal. Los actores políticos también figuran como agentes hostiles: alcaldes, funcionarios de gobierno y legisladores.

En ocasiones, estos servidores públicos se valen de algún cuerpo policiaco para agredir a un periodista. Grupos del crimen organizado son con frecuencia los responsables de los ataques más violentos, los homicidios y secuestros de periodistas así como los ataques armados contra instalaciones de medios. Pero de manera creciente otros grupos se han convertido en agresores de periodistas, particularmente activistas sociales que atacan a reporteros durante coberturas, así como empresarios o guardias de seguridad privados que buscan impedir que los ojos de la prensa se asomen a sus actividades.

La diversidad de agentes hostiles a la prensa sólo se explica a partir de la impunidad. En un país en el que 9 de cada 10 ataques contra periodistas quedan sin castigo (y con frecuencia sin ni siquiera una investigación) resulta fácil para cualquier persona agredir a un periodista o a un medio y salirse con la suya.

Es fácil para un policía golpear a un reportero en una manifestación, como es fácil para un político amenazar a un periodista por hacerle una pregunta incómoda o para un empresario robarle la cámara a un fotógrafo que captaba imágenes de la clausura de su negocio.

En gran medida, la impunidad viene de la ineficacia de las instituciones del Estado mexicano para impedir las agresiones a periodistas. A nivel federal, el país cuenta con una Fiscalía para delitos contra la libertad de expresión y con un mecanismo de protección de periodistas, mientras que a nivel local algunos estados replican estas dependencias. El problema es que su efectividad está en duda.

DESCARGAR:

http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/pdfs/lib_EstadoActualProteccionLibertadExpresionMex_T1.pdf

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