LA TORTURA EN MÉXICO: UNA MIRADA DESDE LOS ORGANISMOS DEL SISTEMA DE NACIONES UNIDAS

LA TORTURA EN MÉXICO: UNA MIRADA DESDE LOS ORGANISMOS DEL SISTEMA DE NACIONES UNIDAS

Es un alto honor para mí ser invitado a prologar esta importante publicación de la delegación en México de la O­ficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en coedición con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Esta ocasión me es propicia también para agradecer los valiosos aportes de todos los integrantes de la Ofi­cina al trabajo de mi Relatoría sobre México, incluida mi visita de abril y mayo de 2014 y el informe resultante, que se incluye en este libro. También es un gusto para mi agradecer la colaboración recibida de la CNDH en ocasión de la misma visita.

Esta publicación es una herramienta fundamental en las manos de los mexicanos y mexicanas que sinceramente quieren enfrentar el desafío de la abolición efectiva de la tortura en el país. También lo será para los funcionarios que dirigen instituciones que han demostrado voluntad política para contribuir al mismo objetivo.

Es de esperar que se constituya también en un aliento y un aporte constructivo para quienes tienen responsabilidades éticas, legales y constitucionales en el mismo sentido y todavía no han demostrado el compromiso necesario con la tarea.

La compilación de normas y estándares internacionales que son vinculantes para México es parte de esa contribución con sentido práctico.

Aunque nadie niega que México está obligado por el derecho internacional a tomar medidas concretas de prevención y de castigo de la tortura, es muy útil que las normas dispersas en varios tratados y reglas consuetudinarias estén compiladas en un volumen dedicado especí­ficamente a la prohibición absoluta de la tortura y del trato cruel, inhumano o degradante, así como a las obligaciones específi­cas derivadas de tal norma imperativa de derecho internacional, una de las pocas en derechos humanos que tiene carácter de jus cogens.

También es signi­ficativa la preocupación demostrada por diversos órganos de las Naciones Unidas sobre la tortura en México, incluyendo mi informe de la visita del 2014 y también los publicados desde 1989 por el Comité contra la Tortura como exámenes periódicos del país y el de la visita efectuada en 2003 bajo la norma excepcional del Art. 20 de la Convención.

Esa parte del libro incluye también los informes del Subcomité de Prevención de la Tortura desde 2010 y en informe de 1997 de mi antecesor en la Relatoría, Sir Nigel Rodley.

Se trata de nueve documentos exhaustivos que revelan la naturaleza recurrente del fenómeno de la tortura, como lo a­rma el Programa Nacional de Derechos Humanos 2014- 2018 del propio Gobierno de México.

Es llamativa la coincidencia entre todos esos informes sobre el diagnóstico y sobre las medidas que deben adoptarse para erradicar la práctica, recomendaciones que se compilan y sistematizan en la Parte IV del libro.

Constituyen de por sí un mapa de ruta sobre lo que se debe hacer; lamentablemente también demuestran que no siempre ha existido la voluntad política de poner esas recomendaciones en acción. Además, la Parte III incluye los Comentarios Generales publicados por el Comité contra la Tortura en su carácter de intérprete autorizado de las normas de la Convención, como guía para entender el sentido concreto y específi­co de las obligaciones contraídas por los Estados que fi­rman y rati­fican este tratado multilateral.

Como destaca el Representante en México del Alto Comisionado, Javier Hernández (sept. 2010-jul. 2015), las visitas al país y los informes de los tres órganos de Naciones Unidas dedicados a la cuestión de la tortura demuestran también la ejemplar apertura de México al escrutinio internacional de sus prácticas represivas y el espíritu de colaboración con los mecanismos internacionales que anima a sus autoridades.

Desde luego, la erradicación efectiva del maltrato en todos los órdenes no es tarea sencilla. Es necesario reconocer que la sociedad mexicana y algunas de sus instituciones han demostrado preocupación por la persistencia del fenómeno y han adoptado medidas en el ámbito de sus competencias que los mecanismos de Naciones Unidas hemos destacado por su potencialidad para corregir las de­ficiencias que posibilitan la naturalización de interrogatorios altamente coercitivos.

También las instituciones de control han producido informes de gran utilidad, aunque sus recomendaciones no siempre han sido implementadas. Varios fallos de la Corte Suprema de Justicia dictados en 2013 y 2014, así como el Protocolo de Actuación sobre la Tortura adoptado en diciembre de 2014 como guía para la acción de los tribunales inferiores, son pasos alentadores en la dirección correcta y contienen el germen de una acción judicial exitosa.

El conocimiento por profesionales forenses del Protocolo de Estambul para la detección de la tortura también es un hecho auspicioso en principio. Pero falta mucho para que la vocación por erradicar la tortura se extienda a todos los ámbitos ofi­ciales, especialmente a todas las fuerzas militares, de seguridad y encargadas de cumplir la ley y al ministerio público.

DESCARGAR:

http://appweb.cndh.org.mx/biblioteca/archivos/pdfs/lib_TorturaMexicoUnaMirada.pdf

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*