Democracia, privacidad y protección de datos personales

Democracia, privacidad y protección de datos personales

La relación entre democracia y privacidad, en el sentido común de ambos conceptos, no resulta necesariamente evidente. De hecho, las dimensiones en que ambas se proyectan podrían parecer inicialmente contradictorias.

Por una parte, la democracia suele definirse como “un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”.

En ese sentido, la democracia comprende la interacción de individuos que conviven en una sociedad organizada a través de instituciones y procedimientos para la toma de decisiones para la vida pública, que reflejen la voluntad popular sea de manera directa o a través de sus representantes.

Se trata de una forma de gobierno del pueblo y para el pueblo, “del poder público en público”, en la que impera la llamada “regla de mayoría” para legitimar la toma de decisiones políticas. Por otra parte, la privacidad evoca un sentido de solitud, de ausencia de los otros, de lo que pertenece a uno mismo, relativo a los sentimientos, emociones, vida familiar, entre otros.

Se trata, pues, de una concepción que supone la generación de espacios vitales que escapan del escrutinio público, misma que se relaciona de manera estrecha con el advenimiento del derecho a la protección de los datos personales, entendido como instrumento de la privacidad y, al menos inicialmente en nuestro país, como un mecanismo para clasificar con el carácter de confidencial la información personal en manos del poder público.

En estos términos, mientras que la democracia se manifiesta en la esfera de lo público, la privacidad se proyecta, valga la redundancia, en la esfera de lo privado o de lo íntimo; donde la res publica y la res privata se constituyen en conceptos históricamente antagónicos, separados de manera casi natural en la tradición romano-germánica y cuya herencia ha permeado en el desarrollo de los sistemas jurídicos occidentales, incluido el nuestro.

No obstante, esta contradicción entre las distintas dimensiones de la democracia y la privacidad (incluida la vertiente relativa a la protección de datos personales) es tan sólo una mera apariencia que parte de una concepción reduccionista o convencional de ambos términos.

Tanto el sentido de democracia como el propio sentido de la privacidad y la protección de datos personales, en términos actuales, han extendido sus alcances de tal manera que es factible afirmar la existencia de una estrecha relación entre ambas, donde la democracia importa para garantizar la privacidad y la protección de datos personales y, a su vez, la privacidad y la protección de datos personales se constituyen en una condición sine qua non de la democracia moderna.

El objetivo de esta obra consiste precisamente en explorar las distintas dimensiones en las que se proyectan cada una de estas categorías, a fin de destacar la relación de condicionamiento recíproco entre ellas que hace que sin una no puedan existir las otras, y a la inversa.

Además, por supuesto, de advertir aquellos espacios de posible tensión que requieren de la adopción de mecanismos y criterios generales que permitan generar condiciones adecuadas para su propia coexistencia.

Ciertamente no se trata de abordar exhaustivamente cada una de las dimensiones de la democracia, la privacidad y la protección de datos personales, sino sólo de aquellas en las que se hace evidente su interrelación.

Tampoco se pretende establecer el sentido histórico y cronológico del proceso evolutivo de cada uno de estos conceptos, aunque incidentalmente hagamos alusión a ello. Nuestra intención es mucho más modesta.

Consiste en advertir aquellos aspectos que, sea por oposición o por su imbricación, permiten demostrar la necesidad de generar equilibrios que armonicen su existencia mutua o convivencia natural.

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