Derechos de los animales

Derechos de los animales

El hombre, como animal social, se ha caracterizado por organizar los grupos que forma y por transformarlos a través del tiempo, generando cambios estructurales que casi siempre impactan en su entorno, algunas veces de manera desfavorable.

Desde que integró las primeras tribus, la tendencia fue imponer jerarquías en virtud de las capacidades físicas —básicamente, la fortaleza— y con este argumento se erigían los líderes, mientras que en el resto del grupo continuaba esta tendencia, surgiendo así mandos medios que, en la dinámica grupal, llegaban a transformarse en cabezas del mismo grupo, o formaban otros alternos. Como consecuencia de esta incipiente organización, algunos integrantes menos fuertes o menos hábiles, cuando no morían, poco a poco eran marginados o sometidos y empezaron a emerger las grandes diferencias sociales.

Paulatinamente, el surgimiento de las primeras civilizaciones trajo consigo las clases sociales, y se impuso la necesidad de normar las relaciones que se establecían entre los miembros de una colectividad.

El código de Hammurabi es el primer indicio de esta necesidad del hombre por regular los actos de los individuos, para lo cual desarrolló un mecanismo consistente destinado a evitar, en lo posible, la desigualdad y los actos contra el grupo.

En nuestros días, después de incontables movimientos de reivindicación de grupos sociales que han demandado a sangre y fuerza el reconocimiento de sus derechos, no es raro encontrar nuevas demandas en busca de mejor trato, mejores condiciones o pronunciando reclamos ante abusos.

Pero eso lo hacemos los humanos ante las necesidades sentidas que nos conmueven, y porque, independientemente de que la desigualdad pudiera ser eterna, todos podemos hacernos oír en un momento dado; sin embargo, ¿qué pueden hacer los animales para reclamar sus derechos o para que la sensibilidad humana los considere como seres que merecen atención, cuidado y respeto? Muchas agrupaciones civiles han tomado en sus manos la innegable realidad de que los animales sufren, sienten y viven la crueldad, y reclaman un trato digno y respetuoso para las especies que, por representar algún satisfactor económico (que no uno de los eslabones de la cadena alimentaria), podrían hasta llegar a ser víctimas de sobreexplotación y de otras formas que, como humanos, podemos considerar atormentadoras y crueles.

Sabemos que los animales, en si, matan para sobrevivir y que algunos pocos lo hacen, además, por instinto natural o quizá (si volvemos a interpretar desde nuestra perspectiva) por pasatiempo; pero eso no justifica el maltrato ejercido hacia los animales por parte de algunos elementos de la especie “más evolucionada”, simplemente por diversión o por afanes de lucro, sin considerar el daño a un ser que —más allá de su capacidad cerebral o física— queda a merced de nuestra ambición.

El presente número de Imagen Veterinaria pretende conciliar los diferentes puntos de vista que este tema genera, sin intentar deteriorar la imagen del hombre. Más que acusar, habría que considerar que la vida y la muerte son etapas que compartimos todas las especies, y que sería necesario solidarizarnos para que este único grupo de seres vivos que todos conformamos, encontremos la libertad y la posibilidad de desarrollar nuestras vidas en las condiciones más armónicas y éticas posibles.

Finalmente, quizá por algún tiempo más, sigamos siendo los autonombrados “administradores de nuestro entorno”, pero, por nuestra propia integridad, no deberíamos mantener esa certeza.

DESCARGA GRATIS:

https://drive.google.com/file/d/10miuMtPkgtARqXBL0vJWP5hH1iKVKqZS/view?usp=sharing

O

https://fmvz.unam.mx/fmvz/imavet/v4n3a04/v4n3a04.pdf

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*